Versos sobre obras de Silveira

Rocas y pastos. Óleo, 1959.
ISMAEL CARO (Diciembre de 1959)

Monte de soledad
(Poema al cuadro 'Rocas y pastos' del pintor amigo Guillermo Silveira García-Galán)

Monte de asombro, desnudo en el horizonte
por donde el ave establece su martirio
levantando del arroyo la fresca gota
intacta de cristal colgada en el pico.
 
Piedras del monte como toros de sueño,
abrigo de culebras y júbilos de lirio.

Monte solo reclinado en el misterio
de los ojos con estrellas de triste peregrino.
Saliente seno de la tierra consagrada,
grave y fecunda, aromando su delirio.

Monte, monte, monte y piedra, hermano
para la huella del hombre hoy nacido,
proyector de barcos, tabaco y telegramas
y del misterio de su drama el gran racimo.

Por el monte mira la pestaña del día
la rota estrella de mi corazón vencido.
Boceto de una talla nunca realizada.
MIGUEL PÉREZ REVIRIEGO

Al boceto a lápiz de una Virgen que iba a ser tallada en madera de encina

Iba a ser Virgen de encina
y se quedó en corazón;
Niño de oscura madera, 
noche de negro charol…

Y fueron palomas blancas
y fue, Guillermo, tu voz
la desafinada cuerda
que nunca se me rompió.
MIGUEL PÉREZ REVIRIEGO. Noviembre de 2019)

El Niño dice que no
(Villancico con citas a los cuadros "La cuerda rota" y "Réquiem)

El Niño dice que no,
que no necesita nada,
que la noche está estrellada
y aún la muerte no salió.

El Niño no necesita
más que un pájaro, una flor
y una estrella pequeñita.
El niño dice que no.

El Niño dice que no,
que lo único que nota
es que de la tierra brota
una lejana canción
venida de un corazón
que tiene una cuerda rota.

El Niño no necesita
más que un pájaro, una flor
y una estrella pequeñita.
El niño dice que no.
El niño dice que no.
Réquiem (Flores, pájaros y estrellas nunca me digáis adiós). Aguatinta, 1974.
La cuerda rota. Óleo, 1968.
MARIBEL BAZAGA ZAMORA. (Mayo de 2017)

Poema al cuadro "La cuerda rota", de Guillermo Silveira 

Se rompe la cuerda
de la esperanza,
sueños que se esconden
detrás de todas las esquinas.

Solo queda el silencio,
el abandono de todos,
que siempre os dan 
la espalda,
grande como muro
que corta vuestro paso,
y tapa las ventanas.

Las noches, afilados cuchillos,
gemido de tripas
que aúllan al alba.

Nadie escucha ya
vuestros lamentos,
sienten vergüenza 
de mirar las tristes caras.

Si alguien osara
tomaros de la mano
y pronunciar palabras de aliento…
Pues no solo una moneda
o un trozo de pan
le sirven al ser humano
para el alimento.
Niños olvidados. Óleo, 1980.
INMACULADA CHACÓN LIMA.(Febrero de 2014) 

Huellas
(Poema en homenaje al profesor Guillermo Silveira, con cita al cuadro "Niños olvidados")

La huella de todas las Altamiras del mundo.
¿Quiénes somos? ¿Qué es nuestra huella? ¿Qué es su marca imborrable 
 a lo largo de todos los siglos que el hombre conoce?
La huella de la Victoria de Samotracia, 
envuelta en la técnica de «paños mojados», 
con los que también Fidias expresara su maestría.
Niké o Samotracia, la diosa de la victoria,
 a la vez capaz de inspirar  
un soplo perpetuo de inmensa libertad.
La huella del Galo moribundo.
La huella de los NIÑOS OLVIDADOS.
La huella inmensa y fuerte del David.
Nos vamos. Se queda la huella.