La huella de Guillermo Silveira

 

Alfonso Doncel, escultor:

“Tres años apasionantes que me han dejado huella para siempre”

Tres años apasionantes que me han dejado huella para siempre. Así podría describir mi paso por el aula de modelado y escultura de mi profesor Guillermo Silveira. Recuerdo a Don Guillermo (así le llamábamos) como un ser inmenso, intenso, entregado a su pasión creativa y exigente con su tarea docente; sus manos, la gravedad de su mirada y su simple proximidad imponían respeto y seguridad. El horario nocturno de la escuela, las luces mortecinas del aula y un respetuoso silencio condicionaban nuestra percepción. Ah, el olor del barro húmedo.

Han pasado muchos años (yo tenía entonces 17 añitos) pero no se mueven los recuerdos. Ahora, ya con cierta perspectiva, puedo asegurar que fue Guillermo quien me orientó definitivamente hacia mi forma de entender la creación plástica, tal y como –después- la he ejercido en mi vida profesional como artista, como pintor, escultor y diseñador.

Nos trasmitió algo que hoy día ya está asumido: la distinción entre escultura y pintura es tan sutil que ni merece la pena abordarla. Por aquel entonces nos formaba en las técnicas de modelado y vaciado, pero al conocer su obra mural escultopictórica (así la denominaba) le pedí que me enseñara su técnica de mezcla y aplicación de texturas. Entonces me propuso que, en lugar de modelar en su clase, ejecutara una pieza con las técnicas de pasta cargada de mineral que él mismo había creado. Y así transcurrió mi tercer año y último de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Badajoz, en el que aprendí a hacer excursiones fuera del plano, intención que ya nunca he abandonado: es difícil encontrar obras mías en las que no emplee la tercera dimensión, en las que textura y relieve no intervengan.

Y si hay una característica que recordaré de Don Guillermo es el rasgo pasional que habría de trasmitir cada obra que iniciábamos. Ahora, en tiempos en los que una gran parte de los creativos trabajamos en lo que se ha quedado en denominar “creación emocional”, la escuela Silveira cobra más valor que nunca: su posición rebelde y apasionada, la fuerza de sus palabras, la nobleza de su trato y la contundencia de su mensaje me han servido de sólidos cimientos sobre los que construir mi actitud plástica; seguramente también la de muchos de sus otros alumnos.

Un artista atemporal: su planteamiento creativo y su escuela nos ha dejado una huella imborrable, algo que sólo está al alcance de los grandes hombres.

Alfonso Doncel. Fue alumno de Guillermo Silveira en la Escuela de Artes y Oficios "Adelardo Covarsí" de Badajoz

Alfonso Doncel

www.alfonsodoncel.com

Mayo de 2012

 

Florentino Rodríguez, pintor, discípulo:

“Por su culpa me traje una primera medalla de plata”

Florentino Rodríguez García, pintor, discípulo en su primera juventud de Guillermo Silveira, nos envía, a modo de curiosidad, las líneas que le escribió su maestro en el catálogo de la primera exposición individual que este joven artista presentó en Badajoz.

“Para mí es inolvidable -asegura Florentino-. Me conocía bien y gracias a su insistencia fui a Madrid (a la Exposición Nacional de la Obra Sindical de Educación y Descanso) en representación de Badajoz y por su culpa me traje la primera medalla de plata, gesto que nunca olvidaré.”

Florentino Rodríguez García, de jovencito.

Lo que escribió Silveira en el catálogo de aquella primera exposición de Florentino Rodríguez fue:

“A modo de presentación

La función esporádica de intermediario entre el creador de obras de arte y el espectador, posiblemente aparezca, en ocasiones, como una exposición despersonalizada y rigurosa, sin más análisis que el de relacionar obras, méritos y biografía del artista.

Hoy lleva el matiz intencionado del afecto e interés propio del que ha estado inmerso, por añadidura, en las vivencias de un taller compartido, por algún tiempo, entre dos artistas amigos.

Sin embargo, mis emotivas líneas no salvan la verdadera labor que desentraña y determina los valores y significados  de la obra pictórica, contribuyendo a la transmisión de sus contenidos al contemplador por el crítico de arte, con un  nivel de especialización como sabemos.

Con esta aclaración previa, presento, con sumo interés y cariño, al gran público de Badajoz la primera exposición personal del joven pintor autodidacta Florentino Rodríguez García, nacido en Villar del Rey (Badajoz) en Enero de 1946.

En su nota biográfica-artística dice él que se inició bajo mi influencia, cuando en realidad ya pintaba mucho y en su espíritu llevaba el soplo y la inquietud de un creador nato, independiente y personal. Si algo aprendió en mi taller, fue algo de la “cocina” individual que tiene todo artista, sumado a la lectura y estudio de algunos libros de arte y a su trabajo, tesón y propio mérito.

Su arte figurativo o neofigurativo, en los distintos procedimientos, está presente como una realidad que en el futuro será muy buena, porque es sincera, primero, por ser suya, después, y porque a este verdadero artista le he visto entristecerse desesperado y romper en sus ocasos, iluminarse su rostro en los aciertos y latir su corazón fuertemente ante una interpretación creadora de su propio mundo. Gracias.

Badajoz, Junio de 1971.

Guillermo Silveira”

 
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