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Información y noticias sobre actos, exposiciones, notas de prensa, etc.. relacionadas con el pintor y escultor español Guillermo Silveira

Centenario del crítico Antonio Zoido

Se conmemoró en el año 2013 el Centenario del nacimiento de Antonio Zoido Díaz (Zafra, 1913; Badajoz, 2000), crítico de arte y académico. Con este motivo, el Museo de Bellas Artes de Badajoz ha editado, en dos volúmenes,  el facsímil de una amplia selección de críticas y artículos sobre arte publicados en el diario HOY, de la región española denominada Extremadura, entre los años 1957 y 2000. Esta publicación se incluye con el título “La crítica de arte” dentro de la “Colección Rescate”, de la citada pinacoteca.

El trabajo de investigación y selección ha sido realizado por Román Hernández Nieves y María Teresa Rodríguez Prieto, director y conservadora, respectivamente, del Museo de Bellas Artes de Badajoz.

Antonio Zoido, qun era miembro d e la Asociación Internacional de Críticos de Arte, publicó en el diario HOY numerosas críticas, artículos y colaboraciones, entre ellos total de 22 textos referentes a Guillermo Silveira, comenzando el 8 de diciembre de 1959 y concluyendo el 15 de junio de 1989. Zoido firmó bajo el epìgrafe general de “Artistas en el estudio” una sección de artículos, entre los que dedicó uno a Guillermo Silveira. Lo transcribimos a continuación:

Artistas en el estudio

Guillermo Silveira

Foto original publicada en el artículo.

 La condición de autodidacta viene a ser, en muchas disciplinas, una carencia. Pero en arte habría que discutirlo, sobre todo cuando los elementos esenciales fueron bien aprendidos. Si los grandes herejes iluminados de la pintura pudieron llegar a las cimas que alcanzaron, se debió a lo que supieron despreciar después de lo asimilado. Guillermo Silveira, este rollizo ciclotímico de Segura de León, conserva agradecimiento a quienes lo iniciaron en el arte. Los admira: el frexnense Catón; Hermoso, de forma eventual, o aquellos pintores franceses con quienes convivió –neófito- muchas horas en Sigüenza… Pero él quiere sacarse su pintura de muy dentro, de la entraña, del alma. Por eso, paladinamente, confiesa –y no le importa- ser autodidacta.

La sensación de Silveira en su físico –mientras empuña fuertemente la paleta y los pinceles, nos mira a través de sus gafas robustas y echa humo por la enhiesta cachimba que aprieta entre los dientes- es una acusación de fuerza, de decisión. Pero al trasvasarla en color y grafismo al lienzo, sin perder su embestida originaria, su zarpa inconformista se envuelve en una red inefable de ternura. Porque Guillermo Silveira, que tiene en su ancho pecho oculta una enorme portalada abierta a la generosidad y al afecto, es altamente sentimental y una especie de nudo de exaltación y pena se le enreda muy hondo y, de ahí, la nostalgia y melancolía de su expresionismo caldeado con tamiz de gamas discretas y casi indigentes, que anima con vivaces chispazos de color.

Un destello lírico recibido del exterior, un gesto amical, son más efectivos para la inspiración de este pintor que la pingüe recompensa. Honesto y fiel a sí mismo y a su arte, sabemos que en momentos difíciles –esos momentos de la noche oscura de todo artista- supo renunciar a encargos remunerativos cuando le suponían traicionar su inspiración, tener que pintar al dictado.

No nos importa manifestar que desde el principio creímos en Silveira y lo animamos. Tampoco que él quiso tener en cuenta nuestros consejos, salvando siempre -gallardamente- su propia iniciativa. Hoy, Silveira, discutido en sus comienzos, interpretado a veces con  error, es gente entre nuestros indudables valores. Ahí están sus recompensas: medallas de bronce, plata y oro en los certámenes sindicales de Sevilla, Madrid, Barcelona y Valencia; sus II y I premios en las Bienales Extremeñas y, sobre todo, la III Medalla de la Nacional. Y la presencia de sus obras en las propias nacionales y en certámenes múltiples (Nueva York, Puerto Rico, Copenhague, etc.).

Todo esto, sin embargo, supone tan sólo para él un estímulo. De Silveira, cuya ebullición le hace pasar inquietamente de la pintura al óleo a la escultura; de ésta al gouache, al mural, a la esculto-pintura geometrizante, puede decirse que es un artista en trance. En su camino ha ido desprendiéndose adherencias, resonancias en las que se embriagó audazmente en sus comienzos. Ahora se enfrenta con su propia y desnuda autenticidad. Ensaya, eso sí, interroga, aprende; sigue tomando contacto con maestros de la teoría y la técnica del arte. Lo mismo busca a Barjola para dialogar y llevarle la satisfacción admirativa de un extremeño, que a un crítico de la exigencia de Areán, para recibir de él aliento. Lo que le importa es no parar, no detenerse, avanzar. Su ejecutoria lo confirma. Su alma sencilla y bonachona merece el ambicioso éxito que busca. Sinceramente, creemos que lo logrará.

ANTONIO ZOIDO

(Publicado en el diario HOY, Extremadura, el 6 de enero de 1971)

 

Mesa Redonda en Badajoz

Es necesario un estudio en profundidad y bien documentado sobre la pintura y escultura en Extremadura entre 1959 y 1989

La necesidad de que se elabore un estudio en  profundidad y bien documentado sobre la pintura y la escultura en Extremadura entre 1959 y 1989 fue la principal conclusión de la Mesa Redonda celebrada el 17 de Mayo de 2012 en la Real Sociedad Amigos del Paìs de Badajoz, como homenaje al pintor y escultor Guillermo Silveira.

El presidente del acto, el pintor Francisco Pedraja, académico y profesor universitario, le lanzó ese reto a Diego del Moral Martìnez, licenciado en Bellas Artes y participante en la Mesa Redonda, en la que también intervinieron Luis Martínez Giraldo, escultor, director de la Escuela de Artes y Oficios “Adelardo Covarsí”, de Badajoz, quien dirigió una emotiva carta a Silveira, y Rafael Sánchez Hernández, escultor, discípulo de Silveira. 

Las distintas intervenciones fueron:

Martínez Giraldo:

Carta a Guillermo Silveira, s/n 

Luis Martínez Giraldo, con su obra “Diosa de la Fortuna”.

Querido maestro y amigo Guillermo:

Como ya sabes, a los escultores nadie nos hace estatuas monumentales, ni puñetera falta que nos hace.

Por eso, pósame, pues voy a tratar de sacarte de mis recuerdos.

Te pongo como fondo aquella tarde de otoño cuando Tapia1 nos esperaba, con la exposición encendida, en la puerta del Seminario de San Atón2.

Volví la cara al oír ¡ARTISTA!. Tu voz era más alta que tú. Venías como de la Marina3 y te silueteabas sobre el López, fuerte, derecho y achaparrado, acaso por llevar aquel abrigo gris de paño grueso ¿con espiguillas, o de pata de gallo?… y pañuelo de seda al cuello, marrón como tus zapatos. Debajo de tu boina ya volaban aquellas palomas del tejado gris4 y lucías la eterna sonrisa donde se acababan las penas. Tras las gafas se adivinaban ojos vivos, como siempre entornados, no sé, si por el humo de la cachimba5 o por deformación artística profesional.

Ya, ya sé que me faltan detalles; es porque en esto de la terminación de las obras, es como jugar a las siete y media: o no llegas o te pasas.

¿De nuestra escuela6… ?

Pues, ya sabes. Como siempre, sigue siendo mi escuela, donde aprendí de ti, de Isauro y Collado7. De Collado, la medida, el encaje, la valoración de la luz y la sombra para alcanzar la magia y la riqueza de tonalidades cromáticos de la penumbra. De Isauro, el valor de la tercera dimensión y el movimiento del volumen en el espacio. Tú me enseñaste a sentir y a dialogar con la materia.

De profesor, es mi escuela donde día o día sigo aprendiendo de mis Alumnos.

De director, sigue siendo mi escuela; porque, ¿verdad que se siente como algo propio?

Para mi, es fácil de comprender aquello que decías “La Escuela tiene Alma” y yo te digo que por eso vive. Y vive gracias a los maestros que aportaron esfuerzos, como bien sabes, a veces sin cobrar, o siempre tarde y otros pagando. Por cierto, ya ha descubierto tu familia la donación que hiciste a la escuela, en forma de saluda del presidente de la Diputación8. Eso pasa cuando se guardan ciertos papeles. En la Dirección me encontré una factura de la luz que había pagado el maestro Enrique Buhigas9, quien me explicó:  “Es que nos la cortaban”

Bueno, ¡pelillos a la mar!, porque los sentimientos en el arte son nuestra vara de medir y la Escuela nos ha dado algo inestimable: los afectos y el reconocimiento.

Guillermo, como dicen en mi pueblo: ” VELAQUÍ”.

Hasta pronto,

Tu amigo Luis

Badajoz a 17 de mayo del año 2012

P.D. Besos para Amalia10

 

1 Vicente Tapia, conserje de la sala de exposiciones de la Diputación de Badajoz.

2 Viejo edificio en la plaza de Minayo, de Badajoz, donde estuvo el seminario diocesano y luego donde la Diputación ubicó la Casa de la Cultura.

3 Cafeterìa La Marina, sita en una esquina del Teatro López de Ayala, en la plaza de Minayo.

4 Referencia al cuadro “Palomas blancas sobre tejado gris”, con el que Silveira obtendrá el primer premio y medalla de oro en la IV Bienal Extremeña de Pintura, celebrada en Plasencia (Cáceres).

5 Era característico de Silveira el uso del pañuelo de seda anudado al cuello y la boina sobre su cabeza, así como la pipa de fumar.

6 Escuela de Artes y Oficios “Adelardo Covarsí”, de Badajoz.

7 José María Collado e Isauro Luengo, profesores de la Escuela, al igual que Guillermo Silveira.

8 Manuel Romero Cuerda, presidente de la Diputación de Badajoz, escribe a Silveira (27 de marzo de 1976) agradeciéndole la donación de casi  cincuenta mil pesetas para la Escuela “Adelardo Covarsí”. Regida por un Patronato formado por la Diputación y el Ayuntamiento de Badajoz.

9 Profesor de la escuela.

10 Amalia Lanot, esposa de Silveira, fallecida el 29 de julio de 2010.

 

 


 Rafael Sánchez:

“Silveira nos obsequió con su ingenio, su sentido del humor y su visión humanista de la creación artística”

Fuente de la Plaza de la Goleta, en Valverde de Leganés (Badajoz), cuya obra escultórica es obra de Rafael Sánchez.

El escultor Rafael Sánchez Hernández  intervino a continuación y señaló que recuerda a Guillermo Silveira como una persona vital y que así trabajaba y enseñaba.

“Su empeño -prosiguió- era que aprendiéramos el oficio. Las labores de taller,  como él decía. Ese aprendizaje pasaba por trabajar modelando manos, pies, caras y, en fin, copiando los modelos que aún estarán en la escuela que hoy dirige mi amigo Luis. Y aprendimos a modelar, a moldear y reproducir, a tratar y utilizar la escayola, la piedra artificial, el esparto y, en suma, a conocer el oficio.”

Rafael Sánchez puso de manifiesto que, sin embargo, Silveira “hacía hincapié en que  no debíamos quedarnos ahí” sino que lo figurativo, lo real, “había que transformarlo, aportarle algo distinto, presentarlo de otra manera.. Eso sí sería una obra de arte”. Pero el maestro “nos lo puso difícil, pues crear o producir algo nuevo, por distinto, no es algo fácil ni se da con  frecuencia”.

Agregó su discípulo que, admitida la dificultad de la creación artística, Silveira decía que era imprescindible estudiar y conocer los movimientos artísticos, los autores y sus obra, para tomarlos como referencia y, a partir de ahí, comenzar a trabajar. “Era un convencido –dijo Rafael Sánchez- de que la obra ha de evolucionar y de que, en un contexto determinado, el resultado puede ser, incluso, un lienzo en blanco”.

Silveira es, para este discípulo, un maestro que “mantuvo siempre una actitud de generoso compromiso con sus alumnos y nos obsequió con su ingenio, con su sentido del humor y con su visión humanista de la creación artística”.

“Fue –subrayó- mi maestro, pero también fuimos amigos, compartimos tiempo y aprendí de él y me consta que sus alumnos le respetaban y admiraban y que le tenían sincero cariño”.

Finalizó Rafael Sánchez con un recuerdo al amigo y con un agradecimiento al maestro.

Diego del Moral:

“Guillermo Silveira ha vuelto a la actualidad”

Diego del Moral Martínez.

Diego del Moral, licenciado en Bellas Artes, autor de los textos sobre Guillermo Silveira en el libro-catálogo de la Exposición Antológica de 2009, comenzó su intervención señalando que “soy el único de la Mesa que no conoció a Silveira personalmente; pero he tenido en mis manos tantos documentos suyos que es como si realmente lo hubiese conocido bastante en profundidad”.

Del Moral añadió que, sin embargo, no era una mesa redonda el momento propicio para hacer un repaso de su obra, porque no habría tiempo suficiente, ni mucho menos para analizarla, porque ello es muy complejo. “Sin embargo –subrayó, quiero dejar encima de esta mesa que un análisis de su obra está pendiente y no hay que dejar pasar mucho tiempo para hacerlo, porque Silveira, tras la magnífica y muy completa exposición antológica que montó en 2009 el Museo Provincial de Bellas Artes de Badajoz, y su presencia en la Red, ha vuelto a la actualidad”.

Lo que se conoce de Guillermo Silveira, con ser mucho, es para Diego del Moral una repetición de lo que se dijo en su época y es preciso dar un paso más: ir a un análisis histórico, crítico y profundo de Silveira y de los otros pintores y escultores (como Francisco Pedraja, Vaquero Poblador, Álvarez Lencero, Narbón..), que vivieron con él la ruptura con lo tradicional y costumbrista que dominaba en Extremadura hasta aquellos años. “Sería importante -siguió diciendo Diego del Moral­- analizar qué supuso esa ruptura en ese momento y. además, cuestionar todas las definiciones que se han hecho de la obra de Silveira, incluso las que él mismo se hizo, porque, por ejemplo, él se sentía autodidacta y así lo reivindicaba, pero yo, que he estudiado su obra, creo que no es así porque aunque Guillermo Silveira no siguió una formación reglada, sí tuvo una formación muy sólida, con su asistencia, incluso, a clases en escuelas superiores de Bellas Artes”.

Del Moral concluyó su intervención reiterando que “es el momento de clarificar qué significaron Silveira y otros pintores en su época, la de los años 60, 70 y 80 del siglo XX”.

 Francisco Pedraja:

“Silveira se sabía pintor y escultor a la vez y lo demostró en sus escultopinturas”

Francisco Pedraja Muñoz.

Francisco Pedraja, pintor, académico, profesor universitario y presidente de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País de Badajoz, clausuró la mesa redonda.

Señaló que, en principio, cuando cuatro personas tienen que hablar de la misma materia se corre el riesgo de que se repitan “Pero en este caso –dijo- no ha sido así y me alegro”. Pedraja añadió: “Yo conocí a Silveira mucho más que vosotros tres juntos, ha sido un entrañable amigo, uno de los grandes amigos que he tenido a pesar de ser pintores, porque entre pintores, músicos, etc… es muy difícil ser verdaderamente amigos”.

Dirigiéndose a Diego del Moral, le dijo: “Es muy interesante lo que has dicho, porque, en verdad, se necesita hacer un estudio profundo y este es el momento, porque el tiempo transcurrido permite tener una visión menos emotiva, más cercana a la realidad, y, como has sugerido, conviene hacerlo no solo del pintor sino de la época; sería un estudio serio, que no podemos hacer en esta mesa redonda, porque se necesita detenimiento, tiempo y documentos de primera clase”.

Pedraja aclaró que se hace mucho trabajo sobre artistas y sobre la historia en general sin apoyarse en documentos o con documentos de segunda clase y, seguidamente, emplazó a Diego del Moral: “Hay mucha materia, mucha obra y te desafío a que seas tú quien haga ese estudio serio sobre la época de Silveira”. Recordó que en esa época, la Real Sociedad Económica de Amigos del país organizó una semana de arte, en la que participaron el arquitecto Francisco Vaca, el crítico Antonio Zoido, el erudito Antonio Cuéllar Gragera, el escritor Enrique Segura Otaño, el periodista Tomás Rabanal… y que se habló de Morales, de Zurbarán, de Covarsí y Hermoso, de Ortega Muñoz…

Silveira, un formidable contraste

Francisco Pedraja dijo que una semana atrás tomó parte en el tribunal calificador de una tesis doctoral sobre Leopoldo Gragera y ahora lo hace en este homenaje a a Guillermo Silveira, “dos pintores magníficos, pero totalmente distintos: uno académico y el otro rompedor y un caso muy extraño”, porque, como señaló Pedraja, en los cuadros suele verse la personalidad de sus autores. Por ejemplo, cuando se ve un cuadro de Ortega Muñoz, se le ve a él. Cada paisaje de Ortega es como un autorretrato: seco, enjuto, como san Pedro de Alcántara. Silveira fue una persona magnífica, abierta a la gente, siempre alegre, pero su pintura no es así, sino la de un corazón que ve y siente las miserias de los demás. “¡Qué contrataste tan formidable!”, resaltó Pedraja, quien apuntó también que Silveira era un gran amigo de la música “y sus cuadros sí son musicales, con una música honda, que no se queda en lo superficial, sino que tiene una hondura intensa, como la música de Beethoven, de la que Silveira era un apasionado”.

“Tuve –agregó Francisco Pedraja- mucha relación con Guillermo Silveira. Fuimos muy amigos y participamos juntos en muchas cosas. Le conocí en 1959, cuando su primera exposición en Badajoz, en aquellas magníficas salas de la Casa de la Cultura, en el viejo seminario San Atón, salas que han desaparecido cuando deberían haberse conservado dentro de la plaza actual; pero aquí, cuando se descuida uno le cortan el árbol centenario o derriban el edificio multicentenario”.

Recordó Pedraja al crítico de arte Antonio Zoido, en quien Silveira tuvo un gran admirador. Fue Zoido, según  Pedraja, la persona que públicamente más valoró su obra, “en las magníficas críticas que le hizo, todas muy certeras”.

Invitación a ver la escultopintura

Francisco Pedraja no quiso quedarse corto en el elogio a Silveira y destacó que su mayor valor fue el saberse pintor y escultor a la vez, lo que demostró, mezclando ambas disciplinas, en sus escultopinturas, e invitó a todos a ir al edificio de la Delegación de Educación en Badajoz para ver allí “ una gran obra, no solo por su tamaño, sino por su categoría, su calidad: una escultopintura abstracta, magnífica, en la que Silveira muestra toda su capacidad de creación, haciendo que algo parezca lo que no es, es decir, que lo que no es hierro sea hierro, que lo que no es madera, sea madera…”

Y prosiguió: “Además, Silveira fue una gran persona, cosa que no es fácil. Amigos de sus amigos y nunca le vi un mal gesto o una palabra en contra de un compañero. Y también fue generoso, como lo prueba esa donación  de 50.000 pesetas que hizo a la Escuela “Adelardo Covarsí” para sufragar deudas de este centro. ¿Quién haría ahora eso (aparte los que estamos aquí, bromeó)? Y tenía otra cosa muy buena: era pescador y sentía un gran respeto y cariño a la naturaleza”.

Termina Francisco Pedraja su intervención afirmando que Silveira siempre llegaba con ideas nuevas, pues era muy creativo. “Y gracias a su obra –concluyó-, Guillermo Silveira sigue vivo entre nosotros”.

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