Curiosidades

Dos cuadros vistos por su autor:

“La cuerda rota”

“ ‘La cuerda rota’ es obra de contenido espiritual profundo. Las dos figuras, unidas. Una madre vestida de payaso, con las botas rotas y pies montados uno encima del otro en señal de humildad. La niña, en alpargatas, tiene el violín, que ya no puede tocar, y es consolada por la madre. Rota una cuerda del instrumento, rotas también sus almas. No es el medio de vivir lo que se ha roto, sino algo más profundo: sus almas, su ilusión, el porqué del vivir de esos seres errantes. En el entorno, un carro, una estufa, un árbol sin hojas, una alfombra, un bombo…”

La Cuerda Rota

 

“La cuerda rota” es obra galardonada en 1970 con la tercera medalla nacional de arte contemporáneo. Pertenece al patrimonio nacional y el Centro Nacional de Arte Reina Sofía la ha cedido en depósito al Museo Provincial de Bellas Artes de Badajoz, que la exhibe en su exposición permanente.

 

 

 

 

“Palomas blancas sobre tejado gris”

“ ‘Palomas blancas sobre tejado gris’ trátase de una mujer sola, inválida, en un sillón de ruedas. Viviendo en una humilde buhardilla con su hijo. Las palomas blancas tienen un sentido espiritual y el tejado gris se refiere a cualquier cobertura de tantas familias y seres anónimos, marginados y sufrientes de tantas ciudades.. Su único calor es la estufa y la esperanza. No hay comida. El mozalbete ha matado una de las palomas con la inconsciencia de alguien con el estómago vacío. Sufre, por ello, más tarde y la madre, contenta con la bondad del hijo, le consuela con una sonrisa, quizá amarga. Véase el entorno: la mesita junto al ventanuco, la cama, la ventana con los cristales rotos, la estufa y su chimenea, el tejado y el cielo gris.”

“Palomas Blancas sobre Tejado Gris”

“Palomas blancas sobre tejado gris” es obra que obtuvo el primer premio (medalla de oro) en la IV Bienal Extremeña de Pintura (1970). La custodia y exhibe en su exposición permanente el Museo Provincial de Bellas Artes de Badajoz.

 

 

 

 

 

“Escultopintura para una meditación”

Es una de las obras más importantes de Guillermo Silveira. La realizó en el año 1971 para la Delegación del Ministerio de Educación y Ciencia en Badajoz, en el edificio de la Avenida de Europa nº 2, que hoy es la sede de la Delegación de la Consejería de Educación y Cultura.

El cuadro mide tres metros de base por un metro y sesenta centímetros de altura y fue una de las estrellas de la exposición antológica que montó el Museo de Bellas Artes de Badajoz en la primavera del año 2009. Esta muestra fue la más visitada esa temporada. Según datos que hizo públicos el propio museo, un total de 15.774 personas acudieron a las exposiciones, presentaciones y ciclos de música organizados desde enero hasta finales de agosto. La antológica de Silveira fue la más visitada, con 4.415 personas, seguida del X Ciclo de Música de Jazz, que atrajo a 3.637.

La escultopintura le sirve a Silveira, como él mismo dejó escrito, para “expresar la belleza de las formas geometrizantes asimétricas, combinadas de tal modo que susciten belleza y sugieran al contemplador algo anímico, una inquietud por conocer el entorno humano, un porqué o una situación espiritual”. En el caso de “Escultopintura para una meditación”, la idea es invitarnos a meditar sobre la necesidad de superarnos como seres humanos, “apartando los intereses y mezquindades que nos oprimen y nos atrapan”.

El artista describe su obra

Guillermo Silveira describe así esta obra: “Una parte central en arco casi gótico, en azul oscuro esgrafiado, cuya cobertura ha sido abierta hacia las partes superior e inferior (saco trabajado). Este espacio lleva integrada una especie de rombo, abierto también y trabajado, inscribiendo en él el centro de una cruz negra que coge todo el arco.  Se ven hierros y tornillos y unas ruedas mecánicas pintadas como parte vital de este espacio. A derecha e izquierda van unas formas en sentido inverso que llevan integrados unos círculos y más material mecánico, así como puertas abiertas de saco pintado y trabajado. Su fondo es gris”.

Silveira utilizaba para soportar este tipo de obras un tablero no flexible, generalmente de aglomerado, para que no se deformase el material a utilizar: sacos, metales, yesos, látex, arenas, carbonillas… Las mezclas de materiales con colas especiales y colores (óleos, acrílicos, tintas..) eran extendidas y trabajadas, con distinto espesor, sobre un dibujo esquemático realizado en el soporte.

Francisco Pedraja, pintor, académico y catedrático, que presidió la mesa redonda celebrada en mayo de 2012 “in memoriam” de Guillermo Silveira,  destacó que el mayor valor de este artista fue el saberse pintor y escultor a la vez, lo que demostró, mezclando ambas disciplinas, en sus escultopinturas, e invitó a todos a ir al edificio de la Delegación de Educación en Badajoz para ver allí “ una gran obra, no solo por su tamaño, sino por su categoría, su calidad: una escultopintura abstracta, magnífica, en la que Silveira muestra toda su capacidad de creación, haciendo que algo parezca lo que no es, es decir, que lo que no es hierro sea hierro, que lo que no es madera, sea madera…”

 

Museo Provincial de Bellas Artes de Badajoz

“La Cuerda Rota” y “Palomas Blancas sobre Tejado Gris” son obras que pueden admirarse en el Museo Provincial de Bellas Artes de Badajoz, que también incluye en su exposición permanente la obra “Casa iluminada”.

El MUBA realizó en el año 2009 (26 marzo – 31 mayo) una excepcional exposición antológica en homenaje a Guillermo Silveira. Se reunieron 63 obras -además de una de las paletas que utilizó el artista- distribuidas cronológicamente en seis secciones: paisaje, bodegones, escultura y escultopintura,  figura humana y simbolismo.

El libro catálogo de esta exposición es indispensable para conocer al artista. Tras las presentaciones (por Valentín Cortés Cabanillas, presidente de la Diputación; Román Hernández Nieves, director del Museo, y María Teresa Rodríguez Prieto, comisaria de la exposición) aparecen los textos de Diego del Moral Martínez, licenciado en Bellas Artes, que incluyen una extensa biografía, su cronología, la obra documentada y el taller de Guillermo Silveira. Este libro catálogo, de 200 páginas en couché de alta calidad y gran formato, puede ser adquirido en el MUBA.

La estrella de esta exposición fue, sin duda, “La Cuerda Rota”, prestada para este fin por el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, que la tenía sin exponer desde que se desmanteló el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (Ciudad Universitaria, Madrid), de cuya sección de Pintura formaba parte la obra con el número 102. A petición del MUBA, el  Reina Sofía ha dejado el cuadro en Badajoz, donde se exhibe desde el 2009 junto con “Palomas blancas…”.

Destacamos el esfuerzo y el excelente trabajo que la dirección del Museo, la comisaria de la exposición y todo el personal hicieron para reunir tanta y significativa obra del artista y su magnífica y didáctica presentación en las salas.

Es el Museo Provincial de Bellas Artes de Badajoz una pinacoteca muy interesante. Sus colecciones son indispensables para conocer el desarrollo de la pintura extremeña desde Zurbarán a nuestros días. Su problema es la falta de espacio, pues las antiguas casas que ocupa en las calles Meléndez Valdés y Duque de San Germán, en Badajoz, son insuficientes para mostrar con esplendor la obra reunida y los proyectos de ampliación aprobados tampoco van a resolver el problema. La solución sería el traslado de este museo al antiguo Hospital Provincial de Badajoz, una vez que este edificio sea devuelto por el Estado a la Diputación, ya que no va a hacerse el parador de turismo para lo que fue cedido. De ese modo, el MUBA, que es ya una de las pinacotecas más importantes de España por sus colecciones, lo sería también por la extensión de su exposición permanente, ahora constreñida por carecer de espacio suficiente.

Desde aquí invitamos a visitar el Museo. También aconsejamos entrar en su página web: 
 www.dip-badajoz.es/cultura/museo

 

Silveira por dentro*

 

“Apeadero Las Acacias”

 

“Soy más que nada un hombre de búsquedas, de encuentros y hallazgos. Busco los arrabales, las viejas y desvencijadas estaciones de ferrocarril”.

 

 

“Los Pedigüeños”

“La pintura me ha llenado de satisfacciones, tristezas, alegrías, desengaños, incomprensiones muchas veces, porque soy un hombre que en el campo del arte sale a pecho descubierto, y esto no todo el mundo lo entiende”.

 

 

 

 

 

“Réquiem” (Flores, Pájaros y Estrellas)

“Este mundo super civilizado nos está engullendo a todos. El pájaro como expresión de la libertad, la estrella como muestra del espíritu del hombre, y la flor como mejor exponente de la naturaleza son tres símbolos que, a poco que nos descuidemos, habrá que hacerles una especie de réquiem. Sin darnos cuenta de ello, cada vez están más lejos de nosotros”.

”Flores, pájaros y estrellas nunca me digáis adiós”.

 

 

 

“Nostalgia Bohemia”

“Lo que en realidad pretendo es tratar de darme un mensaje yo mismo y comunicarlo a los demás, si es posible, para encontrarme con la satisfacción moral de haber creado una obra pura y de contenido universal, trascendente pero sencilla, sin profetismo y sintiéndome humilde como los seres que he creado en ella. Esta es mi pintura no figurativa, no social, no política, sino humana, sentida y compartida, al menos, en lo espiritual y con el corazón, concebida y ejecutada con los sentimientos más profundos.”

 

 

“Tierra Parda”

“Un violín y su cuerda rota, un carromato de circo y unas almas tronchadas y errantes, desgarradas y partidas tienen algo sublime, como también tienen significado trascendente un remolino de papel, un mendigo, la música o la felicidad nacida de la nada. Y es que todos los adelantos y el consumo no valen nada sin la esperanza, la humildad, el trabajo, la fidelidad, la caridad y el prójimo.”

 

Nueva versión de “Hombres y máquinas”, realizado en 1985 para una familia de Badajoz.

“No soy, ni mucho menos, un pintor de prisas. Sueño días y días con el cuadro, lo voy gestando con una lentitud pasmosa, lo padezco y estudio en sus mil variedades y, luego, en mitad del camino viene el parto”.

 

  * Frases tomadas de la entrevista que Marciano Rivera Breña le hizo a Guillermo Silveira y que se publicó en el número 138 de “Seis y Siete”, suplemento cultural del diario HOY, de Extremadura, el 28 de agosto de 1978.

 

La pintura de vanguardia

Intervención de Guillermo Silveira en un coloquio

Entre los papeles de Guillermo Silveira hemos hallado una transcripción de las preguntas que se le hicieron en un coloquio y las respuestas que dio:

­ - ¿Cuándo cree usted que comienza la pintura de vanguardia?

 - Una respuesta sencilla, clara: Cuando el hombre toma conciencia de su tiempo, cuando se da cuenta de que vive inmerso en él. Ahora mismo, en este instante .

Una fecha: No existe fecha exacta para nada. Todo es relativo, incluso en las fechas de la Historia. Pero pudiéramos decir que comienza propiamente en las Cuevas de Altamira.

Un motivo geométrico: Si me apuran un poco, diré que cuando el hombre siente la necesidad de aislarse de los demás para hacer una raya, una sola, en cualquier vasija doméstica. ¿Hay algo más vanguardista, gráficamente, que una raya? ¿Hay algo más abstracto que una raya o un punto?

Una respuesta profesional: La pintura abstracta o no imitativa se presentó de una manera inesperada, solitaria, en el palacio Güell, en los mosaicos de este palacio de Barcelona, (adquiriendo carácter de verdaderos “collages” la cerámica, la piedra y el vidrio) y en las rodelas del parque. El genio de Gaudí (1910-1926) se adelantó a la famosa acuarela de agitaciones de Kandisnky (1910) o a las figuraciones mironianas. Incluso se adelanta a la pintura informal (impropiamente calificada así, porque no hay pintura sin forma), es decir la pintura fluctuante.

- A su juicio, ¿qué significa pintura de vanguardia?

- La que va delante de la generalidad. La que define el tiempo en que vivimos. La que se aparta de la manifestación artística tradicional aceptada por todos y reconocida oficialmente. A juicio profesional, diré que son aquellas tendencias que toman la realidad exterior como simple pretexto, de tal forma que las manchas fluctuantes, la textura y el color son creación subjetiva del artista, bien transfigurando la naturaleza o bien creándola, con facturas predominantemente no objetivas.

Para aclarar. En la pintura de vanguardia es preciso disociar lo abstracto de lo no figurativo. Lo abstracto es aquello que reconstruye las cosas naturales, abstrayendo determinados elementos formales y rehaciéndolos a la realidad que ve el artista con una nueva cobertura formal. Podríamos llamarlo arte no imitativo.

- ¿Qué escuelas pictóricas y qué pintores están dentro de este movimiento?

- Dejaremos aparte los precursores. Mi respuesta es: por un lado, el cubismo, el futurismo y la abstracción; por otro, el fauvismo, el expresionismo y el surrealismo. Es decir, lo comprendido en buena parte de la realidad del mundo físico y, de otro, los oscuros mundos de la conciencia. ¿Los pintores? Podemos resumir: entre los extranjeros, Pollock, Frautier, Nicholson..; entre los españoles, los de las escuela catalana de 1948, los del Grupo Davalset.

Tico Medina y Guillermo Silveira

De “Crónica de España”, un  reportaje de Tico Medina en el diario vespertino madrileño “Informaciones” de fecha 23 de enero de 1969, recogemos la parte referente a Guillermo Silveira:

“En la Avenida del Pilar, 1, tercero izquierda, nos abre la puerta de su casa, modesta, sencilla y agradable. Se llama Silveira, Guillermo Silveira. Y es fuerte y bueno como el pan. Fuma en pipa y pinta en serio. Suena en el tocadiscos el Concierto de Aranjuez en su versión  moderna  y un revuelo de niñas de todos los tamaños, incluida Amalia, su mujer nos rodea. Pero el pintor nos lleva a la leonera, al cuarto embrujado, allí donde tiene los cuadros. Los abstractos y los modernos. Figura Silveira que es autodidacta, nacido en Segura de León, provincia de Badajoz, en los mejores catálogos del país. Por la mañana es meteorólogo en la Base de Talavera la Real; por la tarde, pinta y hace esculturas y por la noche es padre de familia numerosa. Habla con calor humano y, bajo los dos sables de plata antigua, me habla de la escultopintura con amor. Lleva un pañuelo de seda al cuello y gafas claras. Tàpies para él es el más grande. También para mí. Hablar de Tàpies así, con este fervor, a estas alturas y en esta casa de la clase media, ya indica muchas cosas. Es hijo de guardia civil. Coincidimos, pues, en los afectos. Su vida es rápida y sin contemplaciones. Vive en Sigüenza, hace el bachillerato en Fregenal de la Sierra. Conoce en Madrid a Eugenio Hermoso, a Castro Arines a Areán… Se hace seguidor de la IX Escuela catalana. Tomamos unas cervezas en estas tazas que un día le regaló Lucía Bosé cuando iba al alfar de Otero, en Talavera, hace años.

­- A mí, los grises, los ocres… He hecho de todo… Murales, esculturas. De todo, de todo… Me interesa lo abstracto, no lo fluctuante.

Es emocional. Se extasía ante la obra del lanzaroteño César Manrique y al mismo tiempo que me lo descubre toma a su hija más pequeña -tiene cinco- en brazos. A veces se levanta a las cinco de la mañana y se pone a pintar o a tallar. Coloca a Tchaikovski en  el tocadiscos y, ¡ea!,. a crear.

(…)

Se prepara con la ilusión de un chaval para presentarse a todas. Va a por todas. Conoce la piedra, el árbol, el trozo de muro, mejor que nadie. Pero es bueno, fundamentalmente bueno, absolutamente bueno.”

“Estructura nº 6 o Fragua”, escultopintura premiada con una medalla de bronce en Barcelona en 1966.

Y de Silveira hablaron y escribieron:

José Camón Aznar (académico, historiador, crítico de arte):

  • Ha sido para mí un placer y un honor contemplar las obras de Vd. que, espontáneamente y sin conocerle, las admiré como testimonio de una gran técnica y de una originalidad de visión moderna y poética. (Madrid, carta de 22 de marzo de 1974).
José Camón Aznar (derecha) felicita a Guillermo Silveira en la entrega de la Medalla de Oro del II Salón Municipal de Pintura y Escultura de Sevilla, en 1975.

María del Mar Lozano Bartolozzi (catedrática y escritora):

  • Practica Silveira un expresionismo figurativo inventado desde la ingenuidad, la fantasía y la sensibilidad estética y crea un lenguaje propio, con la experimentación de varias técnicas a lo largo de  su vida: dibujos, óleos, gouaches, témperas, látex, que, a menudo, mezcla. (“Plástica Extremeña”, Badajoz: Caja de Badajoz).
  • Poseedor de una sensibilidad especial, él mismo considera estar en relación con el espíritu pictórico del belga Permeke (al igual que este expresionista, gusta de la monumentalidad en las figuras, agudizadas en algunos de sus miembros, sobre todo las manos), y del imaginativo Chagall, con quien simpatiza y forma paralelo por su aparente ingenuidad y su humorismo, el colorido alegre y las formas sencillas, que reflejan sabiamente una gran profundidad de intenciones y un gran cariño a la humanidad. (“La Pintura en Extremadura”, coleccionable del diario regional extremeño “Hoy”, Badajoz 1984).

Antonio Zoido (crítico de arte):

  • La de Silveira es una obra fuerte, dolorida y palpitante. Una obra para seguirla con esfuerzo por parte del artista y con el mayor interés y atención por los contempladores. Hasta tal punto de que quien no quiera mirarla con detenimiento y afán de comprenderla no llegará a verla jamás. (“Hoy”, 8 de diciembre de 1959).
  • La pintura de Silveira no quiere saber de amaños ni de programáticas posturas. Y renuncia a aprehender las singularidades de lo circundante. Este pintor se ha identificado con la convicción, que mantienen notables artistas actuales, de que las más perfectas soluciones académicas, si complacen a la mano y al ojo, pueden quedar insatisfecha al alma (el alma del autor y también la del contemplador). En cambio, la significación de la realidad produce en este pintor la oportunidad de decirnos la verdad estética. Verdad que no solo sirve para expresar lo que toma o alcanza del medio circundante, sino para expresarse él mismo. Silveira no se produce con la ambición de los concienzudos académicos, como para expresarnos “todo” bellamente. Es más humilde. Su vocabulario, sus temas y su hacer son más limitados. Pero tampoco se conforma con el agotado esquema de la abstracción que se consume a sí misma en secreta pulsación balbuceante. Su dicción es tan vital como intensa. Nos da sólo lo esencial exterior en lírica y profunda versión interior. (“Hoy”, 5 de mayo de 1968).
  • Un destello lírico recibido del exterior, un gesto amical, son más efectivos para la inspiración de este pintor que la pingüe recompensa. Honesto y fiel a sí mismo y a su arte, sabemos que en momentos difíciles -esos momentos de la noche oscura de todo artista- supo renunciar a encargos remunerativos cuando le suponían traicionar su inspiración, tener que pintar al dictado. (“Hoy”, 6 de enero de 1971).
  • La ejecutoria personal de esta pintura -tan diáfana, lograda y característica- se enriquece si tenemos en cuenta la variedad de modalidades y procedimientos que Silveira sabe acometer con garbo. Óleo, gouache, escultopintura, dibujo, tinta, procedimiento mixto. Cada uno de ellos de conformidad a su ajuste temático. Así, el urbanismo expresivo y dinámico, de ascética soledad a la par, encontró muchas veces su idóneo y leve encuadre, en el gouache y las últimas audacias dibujísticas. en ciertos refinados y eróticos cromatismos,. (“Hoy”, 8 de diciembre de 1984).
  • He aquí un caso de exclusiva inspiración de originalidades, que alcanzará el espaldarazo completo a su arte singular con el primer premio obtenido en la IV Bienal Extremeña. Temperamento vigoroso y vocación sin límites, Guillermo Silveira, por el camino áspero e intrincado de un expresionismo sincerísimo, llegó a conquistar, desde su propia tierra extremeña, el respeto y la aureola de pintor importante que le habían de conceder sus muchos reconocimientos y galardones. (…)La pintura de Silveira  es poesía, drama, diálogo con la opresión y las avasallantes circunstancias sociales, adelantándose -sin querer considerarse influenciado por alguna política- a los avances y reivindicaciones de los mejores luchadores por la dignidad del hombre mismo.(…) Las Bienales, que le habían concedido ya un segundo premio, le hicieron elevarse, sin duda, hasta ser cotizada y refrendada su firma en grandes certámenes y muchos museos se honran con  el feliz descubrimiento de su arte. (“Las Bienales Exteremeñas de Pintura y sus primeros premios”, en “Región Extremeña”, revista del Hogar Extremeño de Madrid, núm. 8, febrero de 1980).

Santos Díaz Santillana (corresponsal del diario HOY, Mérida):

  • Guillermo Silveira García-Galán, pese a la “pesantez” que le da su corpulencia –tiene tanto corazón como volumen- es un artista inquieto que recorre todas las sendas, todos los caminos, todas las rutas de las artes plásticas sin levantar su tienda en ninguna de ellas de modo definitivo, ni aun por mucho tiempo. (“Hoy”,  28 de marzo de 1965).
  • Silveira, que está lleno de inquietud, es un romántico, un romántico “becqueriano”, que se emociona seguramente cuando oye un nocturno, una sonata, una romanza amorosa, quizá un poema social,  tipo Lencero, que sufre como propio el dolor ajeno y lo llora y lamenta mansamente. De ahí, su paleta triste, sus colores poco brillantes, sus grises y sus ocres apagados; de ahí, sus formas desdibujadas, torturadas, de sus cuadros; de ahí, esas formas que pesan, esos hierros que expresan esfuerzo doloroso, de su visión del mundo del trabajo; de ahí esos títulos de intención literaria y esos otros que se nos figura que han sido concebidos con lágrimas en  los ojos. (“Hoy”, 13 de febrero de 1964).
  • La pincelada es gruesa, corta o larga, febril, espontánea, sin retoque. No se crea, sin embargo, que su técnica es burda y sin concierto. Al contrario, la técnica es depurada y la pincelada rápida, ciertamente, más “vista”, “sentida” en los momentos, o en las horas, de elaboración “in mente” del cuadro. (“Hoy”, 23 de diciembre de 1961).

Francisco Lebrato (escritor, Badajoz):

  • El arte de Silveira está fuera de otras visiones, lejos de acercamientos y proximidades contagiosas. Silveira entró en su campo, en su terreno propio y lo ha cercado de un estilo inconfundible y suyo. (“Hoy”, 3 de diciembre de 1975).

Jesús Infante Pérez de Pipaón (pintor, Logroño):

  • Para no emplear mi opinión. emplearé las palabras de Luis M. Valenzuela, que dice de ti que eres un artista nato e infatigable y de una calidad fuera de toda duda, que llevas una trayectoria definida y que vas por buen camino. Soy de la misma opinión. No son palabras ni ganas de dar jabón a nadie, pues no en vano han seleccionado una de tus obras entre las pocas que habían de aparecer en el catálogo ilustrado de la exposición.(Logroño, carta de 9 de julio de 1964 sobre la Exposición Nacional de Arte de Educación y Descanso).

    Jesús Infante, pintor.

Enrique Montenegro Pinzón (pintor, Huelva):

  • Silveira García-Galán es un pintor de una fuerza vibracional asombrosa. Descuidando hasta lo inverosímil el dibujo, y creemos que no será por ignorancia, consigue efectos sorprendentes con colores casi enteros de su paleta. Aunque emplea diferentes técnicas, que adapta a los temas que presenta, nuestra admiración se concentra en el paisaje, que, a nuestro modesto juicio, es su mejor expresión. Recordamos el titulado “Paisaje gris”, que es un cuadro resuelto en tonos grises y en el que la perspectiva honda está magníficamente lograda simplemente con una serie de postes de telégrafos que parten del primer plano y se pierden en el infinito. (“Odiel”, 10 de agosto de 1962).

Joaquín Calderón (crítico de Arte, Huelva):

  • Pintura moderna, expresionista, donde se ve con facilidad el manejo de la espátula, que es lo que más utiliza en sus cuadros. La soltura en la conjugación de colores y la libertad en el dibujo acusan una recia personalidad. Para captar la pintura de Silveira hay que examinarla con detenimiento, con interés, concentrarse en ella. (“Odiel”, 11 de agosto de 1962).

Ramón Torres Martín (periodista, Sevilla):

  • Muy personales, como ya son característicos en él, son los ejemplares de Guillermo Silveira. (“El Correo de Andalucía”, 29 de mayo de 1975).

Enrique Segura Otaño (escritor, Badajoz):

  • Los títulos de estas obras de Silveira son muestras de sus intenciones y resultados: “Capricho musical”, “Vidriera para una aleluya”, “Forma no imitativa”, “Floral” y otros trabajos, reflejo de una fina sensibilidad artística que anda a uñas con el dios Cronos y la gran Quimera con que todo artista lleno de inquietud y de verdad sueña ser captada en sus lienzos. (Presentación del catálogo de la exposición en el Liceo de Mérida, febrero de 1964).

Manuel Villamor (periodista y escritor, Madrid):

  • Silveira-hombre es una tremenda inquietud que no puede detenerse ante un solo camino en el que crea haberse encontrado. No se detiene, ni supedita sus hallazgos a un posible deslumbramiento de crítica o de obra satisfecha. Avanza por el camino que se ha trazado, pese a quien pese y libre de acertar o equivocarse. Ante su pintura no podemos cerrar los ojos, cegados por la tradición o la costumbre. Es una realidad y como tal tenemos que aceptarla. (“Hoy”, 22 de diciembre de 1963).

  • No debemos perder de vista a Silveira, pintor y escultor. Lleva fuego dentro. Es un auténtico volcán en continua erupción. No existe ninguna meta que no pueda alcanzar, si se lo propone. De Silveira cabe esperar mucho. No importa que tarde más o menos tiempo en que se le reconozcan su valentía, su originalidad, su fuerza pictórica. La tristeza de los cuadros de Silveira tiene unas honduras que nos apasionan. No son tristes sus figuras porque estén concebidas en grises. Lo son porque no podía ser de otra manera. Están cargados de mucha riqueza interior, como el desolado y trágico “El adiós”, o “La despedida”, como “El desahucio”, de impresionante fuerza social, como “El payaso melancólico”, que si no se ha enamorado de la Luna, le falta poco, como “Suburbio”, de una fuerza terrible y sobrecogedora. (“Hoy”, 31 de agosto de 1962).

José Manuel González Torga (periodista, Madrid):

  • El pintor calla. Pero sus obras siguen hablando de él. Sus “Fábrica y atardecer”, “Suburbio”, “Buhardillas y tejado”, “Casa iluminada”, “Coro de monjas”, “Casas grises”, “Estructura irisada de carácter gótico”, “Capricho decorativo de semejanza azteca” y todos los demás títulos que el público contempla permanecen hablando de su autor y dando fe de la originalidad y de la fuerza creadora de un verdadero pintor. (“Hoy”, 4 de junio de 1965).

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  • Silveira ha descubierto que en los detalles pequeños de la realidad cotidiana también hay mucha belleza. La belleza contenida en un pedazo de tierras, de hierro, en las irisaciones de una soldadura autógena que, expuestas por sí solas ocupando un cuadro entero, cobran un relieve desconocido. (“Hoy”, 29 de noviembre de 1966).

Marciano Rivero Breña (periodista, Cáceres):

  • Guillermo Silveira es tierra, cielo, materia, lo es todo. Su enorme corpachón está hecho para encerrar las mil y una variedades de la vida… Para comprender a este hombre, para entrar en su arte y en su vida, hay que saber de sus largas noches e interminables días recorriendo suburbios y barrios marginales en busca de esa chispa primera que obligue a la luminaria del artista. Nos explicamos, entonces, el porqué de esos rostros humildes, y como lacerados por una extraña herida, que pueblan la superficie de sus cuadros. Ahora se comprende la razón de ser de unas figuras extrañas, alucinadas, con manos deformes porque hacen del trabajo el mejor de los símbolos. Ojos cansados de mirar la rutina de siempre, la miseria constante de sus vidas, pensamientos escondidos por la triste realidad de las alpargatas viejas y el vestido roto y viejo. Guillermo Silveira desborda pasiones por cuanto pueda significar arte. Alma desbordante y trágica a un tiempo, sublime y sobria, excelsa y pegada a la tierra para palpar miserias y auscultar dolores. (“Seis y Siete”, suplemento semanal de “Hoy”, 28 de agosto de 1978).

  • Pintor y escultor extremeño, autodidacta, vanguardista, independiente e inconformista, cualquier cosa puede ser pretexto para la pintura de Guillermo Silveira: la charla con el amigo, abrir una puerta y encontrarse con el rostro feliz de la mujer que está dando a luz… Y busca materia y barro para que esa humanidad se convierta en huracán. Obrero del arte, usa espátula, brocha gorda, fabrica él mismo en la cocina de su taller las mezclas de pintura a base de arena, polvos, yeso… con las que inventar tonalidades nuevas. De ahí ese colorido tan peculiar en sus cuadros: extraño, grisáceo, diferente. (“Seis y Siete”, suplemento semanal de “Hoy”, 28 de agosto de 1978).

José María Bermejo (periodista y poeta):

  • Todo en él es vigor, pasión, voluntad y trato desfogado, cordial, casi histriónico. Silveira es dionisíaco y siente más lo que pesa que lo que vuela. Escultopintor, es decir, hacedor de la materia, hombre que busca el trato avaro con las cosas residuales, que alienta –bajo su aire dominador y extrovertido- una honda ternura por los espejos, las paredes ruinosas de coloraciones violentas, los tejados que huelen a lluvia y verdín, las lóbregas buhardillas donde un hombre agoniza entre sus cosas más queridas, los sacos y las latas apoderadas por el óxido, el silencio humillado y sofocante de las viejas estaciones de tren con su herrumbre, sus trágicos adioses y sus máquinas desahuciadas, la madera y el adobe y el color dividido de los puertos, y el árbol seco, lo tedioso y lo gris… (“Hoy”, mayo de 1974).

  • Los poetas no tienen biografía. Y Silveira es un poeta. Su biografía es su obra. En esos colores azarosos y sombríos está todo el peso terrible de las cosas terribles, inocentes y oscuras. En ese trazo vigoroso está el hombre afirmado. En esa larga tesitura de temas está el viajero que ha sabido mirar la cara de la desgracia frente a frente. En esas esculturas de tierra está el hombre de tierra. En esa ternura silenciosa está resuelta la mirada del corazón que comparte dolores y congojas hasta hacer verdadero el verso de Paul Èluard: “Nadie lloraba por sí mismo”. No llora por sí mismo Guillermo Silveira, sino por todos nosotros. Y por todos nosotros canta. Porque la vida es un péndulo vivo entre el horror y el éxtasis. Miro sus cuadros y me siento salvado, comprendido, expresador. Y también inquieto. La obra de Silveira es un alerta duro, una denuncia desgarrada, un acento grave sobre la vida que vivimos. Y también una balada triste y hermosa… (“Hoy”, mayo de 1974).

Arsenio Muñoz de la Peña (escritor y articulista, Plasencia):

  • Cuando se le trata y se contemplan sus cuadros, Silveira resulta delicado como un abate, ingenuo cual un adolescente, francote hasta llegar a lo castúo, idealista del tipo de Don Quijote y vital iluminado con alas de arcángel. Pero sus espaldas y sus manos están pidiendo las piedras de todas la canteras del mundo y todos los hierros que andan desperdigados por los desvanes, para enderezarlos y ordenarlos, colocarlos y elevarlos, en monumento al titán que lleva dentro, hasta tocar el techo de la gloria artística que le llama con voz inconfundible y señal clara.. Si le dejaran, incrustaría el Partenón en la torre Eiffel y la torre Eiffel en la mayor pirámide de Egipto y ésta en el mismo vientre de Brasil, que es Brasilia. Y al lado de todo esto hay un Silveira, el más importante, con ternura de niño bueno, que por su ingenuidad es capaz de insuflar brisas tan nuevas como sanas en lo eterno del arte. Y un gigantesco pintor que tiene una virginal manera de convertir en arte cuanto parecía sucio, entremezclado, selvático y desmesurado. (“Hoy”, 19 de mayo de 1970).

Tomás Rabanal Brito (periodista y escritor, Badajoz):

  • Siempre me ha parecido Silveira un pintor desconcertante, o mejor sería decir un artista desconcertante; porque Silveira es siempre artista: en la acción y en la conversación. Pensamos encontrarle aquí o allí y en ese instante está en lugar diferente. Uno cree que está trabajando y no lo está, sino mirando las estrellas o el sol, o paseando por lugares pintorescos: unas veces por sitios bulliciosos o por rinconadas recoletas donde hablan el romance y la historia. También en su pintura, Silveira es sencillamente desconcertante: hace varios años sorprendió a la crítica con sus cuadros negros de sombras y contornos, pero ni angustiados ni angustiosos; era que Silveira había estudiado a “vivo-ojo” las luces y las densas nieblas y el humo dormido que se enrosca a los edificios de las estaciones ferroviarias y sus barrios. Y aunque a finales del XIX y comienzos del XX, muchos y meritísimos pintores franceses conocieron y ejecutaron esta sinfonía pictórica, Silveira nos la presenta mucho más original y actualizada; más honda y más viva de color y sonido, aunque éste sea tan bronco como el de sus tablas y sus lienzos. (“Hoy”, julio de 1967).

Gonzalo Fausto (periodista, Málaga):

  • Silveira, apasionado de la escultura y la pintura, aúna su mensaje en sus escultopinturas, donde se manifiesta de forma admirable. Silveira es el adelantado en Extremadura de las nuevas formas, materias y perspectivas, exponente, en suma, de la más sincera y honrada plástica extremeña. (Radio Nacional de España, 7 de diciembre de 1966).

Francisco Vaca Morales (arquitecto y escritor):

  • Silveira sabe que pintar no es copiar -porque lo siente- y que el Arte exige sufrimiento del dolor y la inquietud del amor. (“Belleza y sentimentalismo en nuevas pinturas”, artículo para el diario “Hoy”, 1959).

Julián Álvarez Villar (catedrático y escritor, Salamanca):

  • Guillermo Silveira García (..) se inicia en la pintura con tendencia postimpresionista. (..) Es pionero en la región (Extremadura) en el abandono de la técnica costumbrista e introdujo la técnica de la escultopintura, pues también es escultor. (..) Su paleta es sobria, con  preferencia de grises no derivados del negro, ocres, sienas y tierras, que alterna con algunos colores primarios y secundarios no puros. (..) Es expresionista figurativo o abstracto (no imitativo), subjetivo, doloroso y palpitante. (..) Maneja distintas materias: carbonillas, telas, maderas e incluso objetos o fragmentos mecánicos inservibles. (“Extremadura”, Colección “Tierras de España”, Fundación Juan March, Noguer, Barcelona, 1979).

Manuel Olmedo (periodista, crítico de arte, Sevilla):

  • Algunas firmas prestigiosas revalidan maestrías. Entre ellas, … Silveira, cultivador de un poético expresionismo, muy personal. (“ABC”, edición de Andalucía, 24 de mayo de 1975).

Francisco J. Vaz Leal (médico, escritor y pintor, Badajoz):

  • Para Guillermo el arte nunca fue mercadería. lo que le llevó a pintar cuando le vino en gana, para quien quiso y como le apeteció. Era la suya, en lo tocante al arte, una actitud radicalmente bohemia, lúcidamente libertaria, apalancada en la vida de una manera radical y palpitante.(…) Si hay algo que identifique su obra es el tono básico de ingenuidad que la empaña, esa visión primordial de lo real que procede de una aprehensión sin prejuicios de la existencia. Es algo así, en resumidas cuentas, como la mirada de un niño enfrentado al Universo. (…) Guillermo se paraba en las esquinas y observaba el mundo como si lo viera por vez primera; después lo pintaba así, recién nacido, recién iluminado, y llevaba la limpieza de su mirada al lienzo, poniendo allí la luz de su experiencia tangible, de su percepción sin intenciones. (“Anaquel”, revista de creación y crítica, Badajoz, número de noviembre de 1987).

José María Pagador(periodista, escritor y pintor, Badajoz):

  • Viene de la más honda raíz del autodidactismo hispano, que está lleno de ancestros, de llamadas telúricas, de riqueza de sangres fundidas, de barroquismo y de vitalidad. Tiene nombre de artista y cara y cuerpo de artista. Su propia manera de vivir no es otra cosa que un modo de interpretar artísticamente la existencia. Para él, nada deja de tener valor. El objeto más simple, el artilugio más arruinado, la máquina más vieja, el arrabal más sombrío, el mendigo más pobre, cuando traspasan la puerta mágica de su ojo entran a un mundo de color y de luz donde se subliman, donde la poesía viene a redimirles del abandono y de la miseria, donde todo lo sencillo vuelve a recobrar su espiritualidad… Es un pintor extremeño, pero universal… El suyo es un arte universalista, hecho en Extremadura, pero para el mundo. (“Hoy Cultura”, suplemento semanal de artes, letras, ciencia y pensamiento, 7 de febrero de 1985).

  • Silveira nace en Extremadura, vive en Extremadura…, pero su obra no es extremeña, es, sin más cuentas, universal; porque su temática, sus postulados y hasta su técnica pueden presentarse del mismo modo en cualquier artista de otro país. Universal porque, como él mismo me decía en nuestra última conversación, todo lo que sea vida, amor y muerte, todo lo que sea hombre, está por encima de cualquier circunstancia espacio-temporal. Silveira, universal … y original, que acaso sea la forma, la única forma de existencia en un mundo masificado, deshumanizado. Así es Silveira: contradictorio, trágico, irónico, hipersensible, eterno, descontento…, pero siempre fiel a unos ideales por los que vive y a los que ha dado lo mejor de su existencia. Unos ideales de amor y de esperanza, de solidaridad y soledad… (“Seis y Siete”, suplemento del diario “Hoy”, 9 de diciembre de 1975).

  • Evaristo López de la Viesca (escritor, Sevilla):

    • El arte de un pueblo es, justamente, el sentir de ese puyeblo, expresado de manera sublime.He encontrado en Extremadura, como representantes genuinos del pueblo, de su pueblo, de todos los pueblos del universo, a dos grandes hombres: el poeta Manuel Pacheco y el pintor-escultor Guillermo Silveira. Ambos son artistas vivenciales y dinamodescriptivos. Ambos poseen la sencillez personal de los genios. (…)  Cuando la exuberancia creacional de Guillermo Silveira desborda los raíles de la segunda dimensión, irrumpe por erupción en la tercera, bien de forma incipiente, con la escultopintura, bien inquiriendo de una manera rotunda con el cincel la tercera dimensión, ya descaradamene volumétrica, en un intento de expresión integral. Veo en su escultura un encuentro cordial con  la Naturaleza; en su escultopintura una impresionante fuerza de choque sensorial, al margen de cualquier análisis; en su pintura, un aura naïf -como en su espíritu- carente del menor atisbo de profetismo y llena de trascendente poesía del mejor cuño. (…)  Guillermo  Silveira es un artista que ha recibido importantes y numerosas medallas, distinciones y premios, los cuales, más que prestigiarlo, se han prestigiado al recaer sobre su persona. (“Sombra, penumbra y luz en la Exteremadura, Ediciones del Centro, 1976, Madrid)

     

    Guillermo Silveira, dibujo a lápiz realizado por Miguel Pérez Reviriego.

     

Acuerdo municipal tras la muerte del artista

El día posterior al del fallecimiento de Guillermo Silveira, el Ayuntamiento de Badajoz adoptó acuerdo expresando su pesar, que fue comunicado a la esposa y familiares en el siguiente escrito:

La Comisión de Gobierno en su sesión celebrada el dìa 12 de mayo del año en curso, adoptó, entre otros, el siguiente acuerdo:

SENTIMIENTO.- A propuesta de la Iltma. Alcaldía, la Excma. Comisión municipal de Gobierno acuerda, por unanimidad, hacer constar en acta su profundo sentimiento por el óbito de D. Guillermo Silveira García, pintor y escultor, extremeño ilustre, en posesión de la Medalla Nacional de Arte Contemporáneo y colaborador del Excmo. Ayuntamiento en numerosas actividades municipales.

Asimismo, fue acordado trasladar estos sentimientos de pesar a la esposa y familiares del finado”.

Badajoz, 20 de mayo de 1987.

El Secretario General (firma)”

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