Poemas

POEMAS AL PINTOR GUILLERMO SILVEIRA

 

Poema a la pintura de Silveira

Manuel Pacheco

Exposición en Badajoz. Diciembre, 1959

Te gana el grito de expresar las cosas

que calientes de sueño tienen alas

y quieren escaparse como nubes,

pero tú las desangras.

 

Tu pintura no tiene ni un magnolio

donde posar la cara

y, aunque vive el clavel en el jardín del niño,

no puedes engañarla

 

Tu pintura es así: muchacha triste

acariciando el viento de una jaula,

escamas de ceniza que se caen,

la familia arrojada a la cloaca,

la carreta en penumbra de un camino

y una calle muy larga

que difumina su nariz de estiércol

sobre un negro horizonte de hojalata.

 

Hasta el aire suave del paisaje

con su luz nos araña

y tus jarras-espectros vitalizan

la libertad del agua

que rompe en rebeldía los pantanos

que quieren encauzarla.

 

Te dirán que hay un aro perverso

en tus pupilas agrandadas

y que pintas la lepra de las cosas

sin poner en tus cuadros la esperanza.

 

Pero yo te saludo en tu pintura

que tiene en su color como una llaga

que pone en las miradas de los tibios

un puñetazo de alma.

 

Silveira, mi poema a tu pintura

con su mano de hombre a la tuya se enlaza

porque te sabe abierto, luchando contra un mundo

que nos quiere secar la flor del Alba.

Badajoz (España)- Diciembre 1959

 

 

Monte de soledad

(Poema al cuadro “Piedras y pastos” del pintor amigo Guillermo Silveira García-Galán, del poeta amigo Ismael Caro, en Badajoz, Diciembre -1959)

Monte de asombro, desnudo en el horizonte

por donde el ave establece su martirio

levantando del arroyo la fresca gota

intacta de cristal colgada en el pico.

 

Piedras del monte como toros de sueño,

abrigo de culebras y  júbilos de lirio.

Monte solo reclinado en el misterio

de los ojos con estrellas de triste peregrino.

Saliente seno de la tierra consagrada,

grave y  fecunda, aromando su delirio.

 

Monte, monte, monte y piedra, hermano

para la huella del hombre hoy nacido,

proyector de barcos, tabaco y telegramas

y del misterio de su drama el gran racimo.

 

Por el monte mira la pestaña del día

la rota estrella de mi corazón vencido.

Badajoz, Diciembre, 3, 1959)

 

Al pintor Guillermo Silveira, que apedrea los lienzos con su corazón de pan y es mi amigo

 Luis Álvarez Lencero

Exposición en Badajoz, Mayo de 1963

Te escuece como un rayo Extremadura

y estallan tus raíces. Se te inflama

todo tu corazón en honda llama

con sordos alaridos de locura.

 

Y abres de par en par tu dentadura

sobre el lienzo, con hambre, mientras brama

tu dolor hecho lumbre y se derrama,

ahorcando tubo a tubo, la pintura.

 

Y empuñas tu pincel como un arado

con sudor y con furia campesina,

tragándote los cardos de las penas.

 

Eres un hombre entero, iluminado.

Tú mamaste la leche de una encina

y ante ti se arrodillan las cadenas.

Badajoz y 1963

 

Tu gran humanidad

 Bienvenido del Pino

Tu gran humanidad

se vierte al barro

y lo machaca.

No piensas nada.

Sólo te absorbe

la idea que te destroza.

 

Quitas y pones, hundes y levantas.

Tus dedos fuertes desprecian los palillos

-no quieren herramientas que sean prolongación de tus ideas-.

 Tan solo ellos trabajan.

No quieres intermediarios

que en la cadena de la interior correspondencia humana

deformen la obra concebida.

Buscas la recta, el más corto camino,

entre un latir de inspiración

y la obra misma.

 

Quisieras a la piedra darle forma

a golpes de tu alma.

 

Badajoz, mayo de 1963

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