La huella de un profesor

Diego del Moral Martínez Licenciado en Bellas Artes

Fernando Saavedra Periodista

 

 Ahora, ya con cierta perspectiva, puedo asegurar que fue Guillermo quien me orientó definitivamente hacia mi forma de entender la creación plástica, tal y como – después – la he ejercido en mi vida profesional como artista, como pintor, escultor y diseñador.
Alfonso Doncel


Siete autores actuales, entre pintores, escultores y artistas multidisciplinares, activos en la región, se reúnen en una exposición colectiva. Siete autores de muy diversas tendencias, la mayoría sin nada en común, salvo cierta proximidad generacional y el haber coincidido en algún momento como alumnos de la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí.  La propuesta es, a simple vista, arriesgadamente heterogénea. Pero tiene su sentido, más allá de su carácter de muestra colectiva.

En primer lugar habría que atender al título elegido para la muestra: HUELLAS. ¿Huellas de quién o de quienes? Huellas de un profesor, un profesor del que aprendieron los primeros rudimentos del Arte, y que les marcó profundamente: Guillermo Silveira García-Galán, profesor de Modelado y Vaciado en la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí, de Badajoz, entre 1974 y el año de su muerte, 1987.

Varios de los profesores de la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí en el año 1983. De izquierda a derecha: Sánchez Borayta, Ramón Fernández Moreno, Guillermo Silveira, Ildefonso Sánchez Redondo, Jesús Caldito, Manuel Alonso Regalado y Juan Carlos García Ortega. (Fotografía: Adolfo. Archivo de la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí).

Hablamos, pues, no sólo de Arte, sino también, y principalmente, de Magisterio. Es por ello que la mayoría de los autores presentan a la muestra, junto con obras de su producción actual, una representativa de su periodo de aprendizaje. Pero no se trata de rastrear la impronta que este profesor dejó en la obra de sus alumnos. Eso significaría que estos autores no han conseguido emanciparse, que no han llegado a madurar como creadores. Y no es el caso. Las huellas que se tratan de mostrar son más profundas y tienen que ver, no con el estilo, sino con la actitud de estos creadores hacia el Arte, una actitud cuya conquista fue el principal empeño de su profesor. Ya eso podría significar una limitación, si no fuera porque esa actitud es la condición básica de la personalidad: la libertad. Lo que une a estos alumnos, lo que los emparenta, es esa radical libertad creativa que Silveira se esforzó en que encontraran, precisamente en un momento histórico (los años 70 y 80 del pasado siglo), en que el Arte regional aun trataba de incorporarse, con muchas dificultades y limitaciones, a las corrientes de su tiempo.

Es esa libertad, la conquista de una voz propia y madura, lo que estos autores ofrecen como homenaje a su maestro. Y ese homenaje lleva implícito, a su vez, el reconocimiento a una Escuela, la Adelardo Covarsí, patrocinada por la Diputación de Badajoz y que durante más de cien años fue el único centro de formación que han tenido la mayoría de artistas de nuestra provincia.

Guillermo Silveira, pintor y escultor

Guillermo Silveira nació en Segura de León (Badajoz) en 1922, pero su niñez y adolescencia las vivió en Sigüenza (Guadalajara), Sevilla, Oliva de la Frontera, Fregenal de la Sierra y Zafra. En Sigüenza, se sintió atraído por la pintura al observar a pintores franceses que dibujaban del natural el bello castillo de esta localidad y alrededores. Se despertó así su vocación artística. En Fregenal de la Sierra, Silveira cursó el Bachillerato y conoció al profesor Rafael Gómez Catón (1890-1961), pintor impresionista, pero cuyo método de enseñanza era academicista, y en cuya clase realizó numerosas copias de yesos y bodegones y con quien salía al campo a dibujar del natural. También recibió clases de colorido del pintor Eugenio Hermoso. Adquiere así Silveira un bagaje académico básico que más tarde ampliará en la Escuela de Bellas Artes de San Eloy, en Salamanca, a la que asistió como alumno libre. Estos conocimientos le permitirán luego avanzar hacia un estilo propio, transitando por distintas formas hasta alcanzar la estética que le consagró: obras subjetivas de fuerte expresionismo figurativo y narraciones intimistas. También se abrió a la abstracción de formas geométricas contenidas para la ejecución de “esculto-pinturas”, una faceta que le permitió aunar sus conocimientos en pintura y escultura.

Terminada la Guerra Civil, Guillermo Silveira se trasladó a Sevilla. En Tablada ingresó en el Ejército del Aire en la Escuela de Meteorología. Luego fue destinado a Huelva, Jerez de la Frontera, Valladolid, Santiago de Compostela, Zaragoza, Pamplona y Salamanca, y en 1954 se radicó en Badajoz, donde falleció en 1987.

Silveira fue profesor de Escultura en la Escuela “Adelardo Covarsí” desde el curso 1973/74 al de 1986/87. El acta final de este último año tuvo que firmarla el día 11 de junio el profesor Sánchez Borayta  debido a que Silveira había fallecido el 11 de mayo.

Guillermo Silveira, Estructura nº 6 o Fragua. Medalla de Bronce en la Exposición Nacional de Arte de la O.S. en Barcelona (1966). Dirección Provincial de Educación en Badajoz. (Fotografía: Archivo Guillermo Silveira)

Guillermo Silveira obtuvo numerosos premios en certámenes de ámbito nacional celebrados en Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Logroño… En 1970 y en Sevilla fue galardonado con la Tercera Medalla Nacional de Bellas Artes, por la obra “La cuerda rota”, que estuvo expuesta en el Museo Español de Arte Contemporáneo, en Madrid, y actualmente pertenece al Centro Nacional de Arte Reina Sofía, que la ha cedido en depósito al Museo de Bellas Artes de Badajoz.

Ese mismo año, Silveira logró el Primer Premio y Medalla de Oro de la IV Bienal Extremeña de Pintura, celebrada en Plasencia. En 1975 y también en Sevilla ganó la Medalla de Oro del II Salón Municipal de Pintura y Escultura. Y en 1984 recibió el Primer Premio “Eugenio Hermoso”.

Guillermo Silveira junto a la Virgen de los Ángeles de la Puerta de Palmas (Badajoz) en proceso de ejecución (1960). (Fotografía: Archivo Guillermo Silveira).

Silveira es autor del grupo escultórico “Virgen de los Ángeles y bajorrelieves”, de la Puerta de Palmas en Badajoz, y del Monumento a las Cien Mil Horas de Vuelo en la Base Aérea de Talavera la Real y diseñador del Monumento a la Santa Cruz en Feria (Badajoz). La Dirección Provincial de Educación en Badajoz posee dos grandes esculto-pinturas y el Instituto Eugenio Hermoso de Fregenal y la Base Aérea de Talavera la Real, sendos espléndidos murales. En 1967 realizó los murales-mosaicos de una capilla-escuela de Casas Aisladas en Valdebótoa (Badajoz), obra que actualmente se halla en peligro de desaparición.

La Escuela de Artes y Oficios

Guillermo Silveira ingresará en la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí en febrero de 1974, como profesor de Modelado y Vaciado, en sustitución del anterior profesor, el escultor Isauro Luengo, recientemente fallecido. No será esa su primera experiencia como docente, pues durante el verano del año anterior había impartido un curso de Artes plásticas en Santander, en la tercera convocatoria de los llamados ciclos “Policultural” para jóvenes.  El título escogido por Silveira para este curso fue “Sesenta horas en torno a la pintura con la Juventud Española”, e incluía lecciones de Historia, teoría y técnicas del arte, información gráfica, documentación sobre estilos y autores, visitas didácticas a exposiciones y clases prácticas en el taller. [1]

Clase de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí de Badajoz (años sesenta). Este nuevo centro asumiría las enseñanzas artísticas y artesanas suprimidas por orden ministerial en la Escuela Profesional de Artesanos en 1958. (Fotografía: Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí).

Por las fechas en que Silveira se hace cargo de su plaza de profesor, la Escuela de Artes y Oficios atraviesa una de sus momentos más difíciles, sostenida por las aportaciones de la Diputación y el Ayuntamiento, que no alcanzan cubrir los gastos.[2] El antiguo Palacio de Godoy, en cuya planta baja se aloja la Escuela desde que en 1959 se la obligara, por disposición estatal, a trasladarse de su anterior edificio (el actual Instituto Castelar), se demostró desde el principio insuficiente, además de que gran parte del material y la maquinaria de las clases se han ido deteriorando o quedando obsoletas. Perdido también el carácter oficial de sus estudios, y sin posibilidad de mejorar su oferta de enseñanza, la escuela se encuentra en esas fechas en una situación crítica, dependiendo más que nunca del voluntarismo del equipo docente[3].

Quizá sea en la oferta formativa donde más se refleje la decadencia de la Escuela. Si en su época más floreciente, en  que se denominó Escuela Profesional de Artesanos (1942-1958), las enseñanzas artísticas comprendían Dibujo Artístico, Colorido y Composición decorativa, Modelado y Vaciado, y Talla en piedra y madera, en estas fechas se habían reducido a Pintura, Dibujo artístico y Modelado y Vaciado.  Los intentos de la dirección y los profesores por ampliar el currículum  chocan con la penosa realidad descrita en los informes. [4]

A pesar de todo, la Escuela mantiene un alto nivel de enseñanza, debido a la categoría de sus profesores. La mentalidad de los mismos es estrictamente académica. Es el caso del escultor Isauro Luengo (1920-1973), predecesor de Silveira en el puesto de profesor de Modelado y Vaciado. Este notable escultor, gran retratista, era un maestro riguroso, que trataba de enseñar en toda su amplitud, y dentro de las limitaciones de la Escuela[5], los principios del modelado del retrato y la figura humana. Uno de sus alumnos, el escultor Luis Martínez Giraldo, recuerda, por ejemplo, la extraordinaria importancia que daba al aprendizaje de la anatomía, que debía aprenderse por medio de reproducciones de esculturas clásicas y los “posados” que los propios alumnos se hacían entre ellos, pues las citadas limitaciones de la Escuela no permitían contar con modelos del natural.[6] La enseñanza de Silveira irá, como veremos, en un sentido completamente opuesto.

Mentalidad docente de Silveira

La actitud pedagógica de Guillermo Silveira rompe el modelo educativo de la Escuela.  Hasta entonces éste ha sido el académico, basado en la reproducción de modelos de un progresivo nivel de dificultad. Y con el Dibujo como eje central y condición previa de todas las asignaturas. Hay que apuntar que no es exactamente el mimetismo lo que se busca, sino el conocimiento preciso de la composición, el manejo de las herramientas y materiales y la integración de todos estos elementos en la ejecución de  una obra esencialmente naturalista; y, por lo mismo, no era tanto la creatividad como la destreza lo más valorado durante la etapa de aprendizaje. Aunque la mentalidad de los profesores era, en este aspecto, mucho más flexible de lo que pueda parecer. Realmente actuaban, más que como profesores, como artistas formando a futuros artistas.[7] Mentalidad que compartirá Silveira, pero desde planteamientos antiacadémicos.

Un antiacademicismo el de Silveira que podría ser discutible desde el punto de vista docente, pero perfectamente coherente con su actitud, no ya como artista, sino como alumno de todos los talleres y Escuelas por donde pasó en su juventud, aunque siempre de manera ocasional y por breves periodos de tiempo, empezando por el taller del pintor frexnense Rafael Gómez Catón, de quien Silveira recibiera algunas clases durante su adolescencia, clases que abandonó, según sus propias palabras: “Por no estar en consonancia con su libertad de expresión”. [8]

En la presentación de los citados cursos de Santander (1973), dirigirá a sus alumnos estas palabras:

Pintad, esculpid, modelad, dibujad, grabad y construir Arte. El Arte que creáis y sintáis, cualquiera que sea vuestra inclinación, tendencia y modo de ejecutarlo. Expresad vuestro propio mundo interno con interpretación libre, no como una máquina que copia, porque si no renunciaréis a vuestra personalidad.[9]
 

Esta indocilidad frente a la formación convencional – formación de la que, por otra parte, no careció Silveira, por más que presumiera de autodidactismo -[10], la mantendría luego como profesor, en un continuo y difícil equilibrio entre el rechazo y el reconocimiento de su necesidad.

El aula de Escultura: artistas antes que alumnos

Aula de Escultura de la entonces llamada Escuela Municipal de Artes y Oficios de Badajoz en los años treinta, cuando ocupaba el edificio del actual Museo de la Ciudad, casa de Luis de Morales. (Fotografía: Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí).

Se conservan los borradores de la memoria docente presentada por Guillermo Silveira al comienzo del curso 1974.  En ellos expresa sus conceptos de la Enseñanza y el Arte. Dos aspectos caben señalar en su pedagogía. El primero es la importancia dada al conocimiento de los materiales. Uno de sus compañeros, el profesor Alfonso Rodríguez López-Lago recuerda:

Silveira decía que al Arte se puede llegar por dos caminos: o por el trazo sintético y preciso, o por el trabajo arduo con la materia. Él había escogido este camino. Le gustaba preparar cuidadosamente los soportes, trabajar mucho la materia, las texturas. Lo táctil era primordial en él.
 

Dos de sus alumnos, Rafael Sánchez y Alfonso Doncel, destacan lo importante que fue para ellos el afán de de Silveira por “hacerles perder el miedo a los materiales” y experimentar con todo aquello que fuera susceptible de convertirse en soporte o material artístico. Luis Martínez Giraldo, al referirse a sus dos maestros, escribe:

De Isauro, el valor de la tercera dimensión y el movimiento del volumen en el espacio. Tú [Guillermo] me enseñaste a sentir y a dialogar con la materia.
 

Su sensibilidad como profesor está más cerca del taller artesanal que del estudio de Arte. Junto con sus alumnos fabrica la palillería, los caballetes, bancos de trabajo, un pequeño fondo de documentación, etc. costeando con un fondo común materiales y herramientas, reciclando el espacio hasta el límite de su aprovechamiento, con un sentido de la enseñanza cooperativo. Cuenta Rafael Sánchez:

Su empeño era que aprendiéramos el oficio. Las labores de taller, como él decía. Ese aprendizaje pasaba por trabajar modelando manos, pies, caras y, en fin, copiando los modelos que aún estarán en la Escuela (…). Y aprendimos a modelar, a moldear y reproducir, a tratar y utilizar la escayola, la piedra artificial, el esparto y, en suma, a conocer el oficio.
 

El otro aspecto fundamental de su mentalidad docente es la importancia que le daba a la gestación de la idea, al proyecto. Silveira desea que sus alumnos actúen como creadores desde el principio, y quiere que lo hagan desde su actualidad. En algún momento llega a escribir:

Presente la idea, quizá podríamos ahorrar la ejecución de la obra. Lo que no quiere decir desprecio al medio, procedimiento y materiales, pues con ello se eterniza la obra y sirve de testimonio.
 

El gusto por el detalle y la reproducción exacta de los modelos eran rechazados por Silveira y trataba de disuadir de ello a sus alumnos. Rafael Sánchez refiere como el profesor era capaz de mutilar a golpes de espátula un trabajo de horas si consideraba que el alumno se había dejado llevar por un exceso de mimetismo o añadido lo que él consideraba detalles superfluos. Su prioridad era favorecer en los alumnos el gesto espontáneo y las soluciones creativas y personales, evitando los acabados matizados o pulidos. Rafael Sánchez y Juan Carlos Pérez García-Ortega recuerdan los debates que se creaban entre alumnos y maestro a propósito de su admiración por Tapies, Manrique y los autores del grupo “el Paso”, de los que solía llevarles catálogos para comentar en clase; debates en los que, la mayoría de las veces, el gusto del profesor era opuesto al de sus alumnos, cuya visión artística estaba aun circunscrita al realismo convencional e “inteligible”.

Guillermo Silveira. Monumento a las Cien Mil Horas de Vuelo, erigido en la Base Aérea de Badajoz-Talavera la Real.

El actual profesor de Dibujo de la Escuela de Artes y Oficios, y antiguo alumno de Silveira, el antes mencionado Juan Carlos Pérez, recuerda que aquel se comportaba en clase como un alumno más, con su propio puesto ante el caballete, descuidando incluso en ocasiones la dirección del trabajo y dejando que los alumnos cometieran audacias que, en ocasiones, daban al traste con sus ejercicios, pero en otras les proporcionaran hallazgos inesperados.

Su sentido de la enseñanza era cooperativo en el funcionamiento del taller, pero muy individualista en el trabajo del alumno sobre la propia obra, y se refleja en los criterios de evaluación que figuran en sus actas de calificaciones. Junto a la puntualidad, disciplina y orden, están el afán de perfeccionamiento y la autodisciplina artística. Una autodisciplina enfocada, sin embargo, a la gratuidad de la actividad artística. Lo confirma Francisco J. Vaz Leal cuando escribe:

Le debo así a Guillermo Silveira, (…) una lección esencial: la de concebir la creación como actividad que tiene que ver con el placer (no con la obligación ni con la producción), es decir, como vía de acceso al interior de uno mismo, a la propia experiencia personal.
 

Lección que responde a la actitud radical de Silveira ante su propia labor como artista, y que quedará de manifiesto no sólo en su obra, sino en numerosas declaraciones y entrevistas, como esta de 1978:

Lo que busco, lo que en realidad pretendo es tratar de darme un mensaje yo mismo y comunicarlo a los demás, si es posible. Para encontrarme con la satisfacción moral de haber creado una obra pura y de contenido universal, transcendente, sencilla, sin profetismo, amando mi obra (…).[11]
 

Este énfasis en promover una conciencia artística en sus alumnos queda patente en su discurso de presentación en la Escuela:

No deseo romper moldes ni marginar academicismos y disciplinas tradicionales que son base fundamental en la que se apoyan las estructuras del arte actual y su problemática, y sé que la misión que a mí corresponde es la de enseñar vaciado y modelado y la teoría y la técnica que a ello corresponde, así como el uso de materiales y cuestiones propias de nuestro taller. Más ¿qué hay del espíritu, qué pasa con la obra artística, qué entendemos por Arte? (…)
De ningún modo podemos seguir ejecutando constantemente modelados de Escuela, y continuar con la escultura tradicional por muy bellos y estéticos que sean, una vez aprendidos los conceptos básicos y las prácticas fundamentales de ejecución y técnicas de las Escuelas y Academias. (…).
[si ] el saber y sentir humanos han avanzado hasta límites insospechados, el artista también debe ser fiel a su tiempo y correr paralelo a él o adelantarse. Lo contrario sería retrógrado, sería negativo, sería morir. No podemos ver el Arte, complejo e inmenso, por un estrecho agujerito regional, conceptos academicistas pasados, y tener miedo de avanzar. Hay que abrir horizontes, adquirir conocimientos más amplios y tratar de ejecutar arte bajo estos conceptos de vanguardia. Marginar el arte estático y contemplativo que no dice nada, y también el amaneramiento y los costumbrismos que constriñen los caminos del arte.
(…) ha de darse vida a las obras de Arte bajo otros puntos de vista actuales; porque si seguimos por los trillados caminos la ejecutoría artística, en círculos viciosos, encerrados en un ostracismo total, aunque se tenga mucho oficio y por muy bella que nos parezca la obra de arte, veremos al final que no estamos satisfechos, que lo que creíamos maravilloso se viene abajo por sí solo, aplastándonos hasta el hastío y sin salida posible.

 

Guillermo Silveira. “Los Doce apóstoles y el Espíritu Santo”, mural mosaico en Valdebótoa, obra que está a punto de perderse, junto al de “Belén”, ambos en una escuela-capilla en ruinas.

Como vemos, a pesar de su antiacademicismo, en un aspecto sus planteamientos seguían la más pura tradición de la enseñanza artística, que es, sencillamente, la de formar artistas. Sólo que en Silveira este principio está imbuido de una actitud marcadamente romántica. El alumno, más allá de la experimentación y los ejercicios de aprendizaje, debía tomar su vocación como una responsabilidad y un destino irrevocable. Algo que él, a su vez, se aplicaba sistemáticamente.[12] No entendía el Arte como juego, sino como disciplina interior:

Que nunca sea el Arte para vosotros, aventura, esnobismo, entretenimiento, afición o simple aplauso. Mirad que los que así piensan se perderán en la nada, aun siéndoles ganancioso en dinero. Si alguno en principio necesitara de ese dinero y se dedique a ejecutar arte para vivir de él, mi consejo es que desista y se cree un porvenir fuera del fácil comercio, porque será entonces esclavo de la sociedad de consumo. Porque el Arte verdadero no está al servicio del dinero, sino éste al servicio del Arte. Cuando se haya escalado la fama vendrá la independencia, y el dinero vendrá por añadidura.
 

Este desprecio del Arte como profesión le llevará a disuadir a sus alumnos de ello, alentándoles a que buscaran otros medios de vida ajenos a la creación artística, y que tomaran ésta como una dedicación a la que pudieran entregarse con total libertad, sin condicionamientos.

Es evidente que, como profesor, Guillermo Silveira se movería en la contradicción de tener que enseñar a unos alumnos y el convencimiento de que éstos no encontrarían mejor oportunidad de formarse sino fuera del aula. Es el mismo planteamiento de Goya cuando en su informe de 1792 a la Real academia de San Fernando escribe: “Que no hay reglas en la Pintura, y que la opresión, u obligación servil de hacer estudiar o seguir a todos por un mismo camino es un gran impedimento a los jóvenes que profesan este arte tan difícil”. [13]. Esta es una de las razones que el propio Silveira se dio así mismo como artista y como profesor; por ello su obsesión de asomar a sus alumnos a la actualidad, una actualidad que los libraría de los convencionalismos y manías de la formación artística; de la estrechez de una ciudad y una región por entonces aun muy alejadas de los ambientes intelectuales más avanzados del país. Una actualidad que el propio Silveira convirtió en una de las mayores aspiraciones de su obra. Y es el hecho de haber superado esos límites, el de haber encontrado una voz propia, el homenaje que estos alumnos hacen ahora a su maestro. Que lo fue, quizá, sin querer serlo. Y en esta paradoja se encuentra la virtud de la labor docente de Silveira, y puede que, en el fondo,  la razón de que, a pesar de todo, sigan necesitándose Escuelas de Arte y profesores que impartan en ellas su enseñanza.

FUENTES

 1. BIBLIOGRAFÍA

  •  ARAYA IGLESIAS, Carmen (2001). Escuela de Artes y Oficios de Badajoz. Orígenes e historia (1900-1950). En Apuntes para la historia de la ciudad de BadajozTomo III. RSEEAP. Edit. Diputación de Badajoz.
  • ARAYA IGLESIAS, C., PÉREZ CATALÁN, C., DEL MORAL MARTÍNEZ, D. (2005). Catálogo de los fondos artísticos de la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí. Badajoz: Caja de Badajoz.
  • DEL MORAL MARTÍNEZ, Diego (2009). Biografía de Guillermo Silveira. En: Guillermo Silveira. Exposición, 26 de marzo-31 de mayo del 2009: 23-50. Badajoz: Museo de Bellas Artes.
  • DEL MORAL MARTÍNEZ, Diego (2009). El taller de Guillermo Silveira. En: Guillermo Silveira. Exposición, 26 de marzo-31 de mayo del 2009: 59-69. Badajoz: Museo de Bellas Artes.
  • DONCEL, Alfonso (2012). [On line]. Tres años apasionantes que me han dejado huella para siempre. Disponible: http://www.pintorguillermosilveira.es/?page_id=35 Acceso 30 de enero de 2014.
  • RUÍZ ORTEGA, Manuel (2000). La Escuela Gratuita de Diseño de Barcelona (1775-1808). Barcelona: Biblioteca de Cataluña.
  • SÁNCHEZ, Rafael (2012) S.t. [On line]. Testimonio personal presentado en la Mesa redonda sobre Guillermo Silveira, celebrada en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz el 17 de mayo de 2012. Disponible: http://www.pintorguillermosilveira.es/?page_id=69 Acceso 30 de enero de 2014.
  • VAZ LEAL, Francisco J. (1987, noviembre). Las lecciones de Guillermo Silveira (Guía para mirar la vida como si fuese un cuadro). [On line]. Anaquel, revista de creación y crítica. Disponible: http://www.pintorguillermosilveira.es/?page_id=35 Acceso: 27 de enero de 2014.

2. HEMEROGRAFÍA

  • REDACCIÓN (1973, 15 agosto). Clausura del curso “Policultural –3”. Diario Montañés.
  • RIVERO BREÑA, Marciano (1978, 28 agosto). Guillermo Silveira. Pintor de grandes pinceladas. Seis/siete. Diario Hoy.
  • SAAVEDRA, Fernando (1973, 23 agosto). Éxito de Guillermo Silveira. Diario Hoy.

3. DOCUMENTOS

 3.1. Archivo de Guillermo Silveira García-Galán

3.1.1 Catálogos y folletos de exposiciones

3.1.2 Escuela de Artes y Oficios

3.1.3 Correspondencia y papeles.

3.2 Archivo de la Escuela de Artes y Oficios “Adelardo Covarsí”

3.2.1 Expedientes de profesores [sin clasificar]

3.3 Archivo Provincial de la Diputación de Badajoz

3.3.1 Libros de Actas de la Escuela de Arte y Oficios Artísticos Adelardo Covarsí, 1923-2003.

3.3.2 Libros de Actas de Plenos de la Diputación, 1950-1970.

3.4 Otros documentos

 3.4.1 Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí (1973). Informe-Memoria sobre la Escuela de Artes y Oficios artísticos “Adelardo Covarsí”. [Mecanoscrito no publicado]

 4. TESTIMONIOS ORALES DE:

  •  Alfonso Doncel Luengo
  • Alfonso Rodríguez López-Lago
  • Amalia Lanot Rodríguez
  • Fernando Saavedra Campos
  • Florentino Rodríguez García
  • Francisco Pedraja Muñoz
  • Ildefonso Sánchez Redondo
  • Luis Martínez Giraldo
  • Luis Nogales Blanco
  • Luis Silveira García-Galán
  • María Luisa Silveira Lanot
  • Rafael Sánchez Hernández

NOTAS

[1] REDACCIÓN, 1973, 15 agosto; SAAVEDRA, 1973, 23 agosto.

[2] Según la memoria del año 1973, el déficit de la Escuela de 101.000 pesetas. Escuela de Artes y Oficios “Adelardo Covarsí” (1973). Informe-Memoria sobre la Escuela de Artes y Oficios Artísticos “ Adelardo Covarsí”. Mecanoscrito no publicado. Documento facilitado por Ildefonso Sánchez Redondo, antiguo director de la Escuela de Artes y Oficios.

[3] Según una carta de agradecimiento del Presidente de la Diputación, el propio Silveira hará un donativo de 50.000 pesetas “con el fin de sufragar deudas y compra de materiales”. El Presidente de la Excma. Diputación Provincial y Procurador en Cortes. F. Manuel Romero Cuerda (comunicación personal) (1976, 27 marzo). Badajoz . Archivo Guillermo Silveira García-Galán: Escuela de Artes y Oficios. Por varios testimonios nos consta que esto no fue precisamente un hecho aislado en la historia de la Escuela. Desde su fundación por Felipe Checa, los profesores siempre ayudaron al sostenimiento de la Escuela, comprando materiales de su propio bolsillo.

[4]  Esta Escuela ha sido, desde el año 1876, en que fue fundada como Academia Municipal de Dibujo y Pintura, hasta los años ochenta del pasado siglo, en que entró en decadencia, el principal centro de enseñanza del arte existente en la provincia. Su historia, sin embargo, se desconoce casi por completo, y únicamente el trabajo de la doctora Araya: Escuela de Artes y Oficios de Badajoz. Orígenes e historia. (ARAYA IGLESIAS, 2001) y el estudio histórico-crítico del Catálogo de los fondos artísticos de la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí, realizado en el 2005 (DEL MORAL MARTÍNEZ, 2009), nos proporcionan un atisbo de la ingente labor cultural desarrollada por esta institución. En ella se han formado inicialmente la mayoría de artistas nacidos en la provincia, cuyo paso esta Escuela, como alumnos o como profesores, queda anotado en sus biografías, siendo éstas unas de las escasas referencias con las que hoy contamos acerca del fenómeno de la enseñanza artística en Badajoz.

Es de destacar la extraordinaria labor de promoción que desde la Escuela se hacía de los futuros estudiantes de Bellas Artes, solicitando de las autoridades las becas necesarias y proporcionándoles contactos en  las Escuelas Superiores. Lamentablemente no contamos, hoy por hoy, con suficientes documentos que confirmen esta afirmación, pero sí con numerosos testimonios de los propios artistas que se formaron en esta Escuela, especialmente en el período en que Covarsí fue director.

[5] La Escuela de Artes y Oficios, como todos los centros de su tipo en España, surgió con un sentido de regeneración de las clases populares, aunque en provincias ejercieran al mismo tiempo de Escuelas Elementales de Bellas Artes. Es por ello que su horario era nocturno, y las clases de muy poca duración, aparte de que los medios de que disponían eran bastante más escasos que los de las Escuelas Superiores. ARAYA C., PÉREZ CATALÁN, C., DEL MORAL MARTÍNEZ, D. op. cit: 13: 71-91.

[6] ARAYA, PÉREZ CATALÁN, DEL MORAL, op. cit: 13: 82

[7]  Entre los planes de asignaturas redactados por Covarsí, se pueden encontrar varios párrafos como éste:”Se ejercitarán los alumnos en la composición, utilizando los elementos obtenidos del natural (…) y sin sujeción a estilos históricos que coarten las iniciativas artísticas”. ARAYA et al. íbid: 87.

[8] Guillermo Silveira. Borrador de biografía. Archivo de Guillermo Silveira García-Galán: Correspondencia y papeles.

[9] Guillermo Silveira. Guión-memoria del desarrollo y planificación de las enseñanzas. Curso Artes Plásticas. Santander 1973.  Archivo de Guillermo Silveira García-Galán: Escuela de Artes y Oficios.

[10] Guillermo Silveira asistiría como alumno de Dibujo, Pintura y Escultura durante varios cursos en la Escuela Profesional de Artesanos de Badajoz y en la Escuela de Bellas Artes de San Eloy de Salamanca.  (DEL MORAL MARTÍNEZ, 2009: 26)

[11] RIVERO BREÑA (1978, 28 agosto)

[12] Para conocer más sobre la vida y la obra de Guillermo Silveira pueden consultarse tanto el catálogo crítico de la exposición celebrada en el Museo de Bellas Artes de Badajoz en el 2009 (DEL MORAL MARTÍNEZ, 2009) como la web: http://www.pintorguillermosilveira.es/

[13] Francisco de Goya: “Informe manuscrito que se conserva en el Archivo de la Academia de San Fernando”. Documento nº 283. Citado en: RUÍZ ORTEGA (2000).

(Recogido del Catálogo de la exposición "Huellas de Guillermo Silveira", editado por el Área de Cultura y Deporte de la Diputación de Badajoz)

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